Martes 30 de Octubre 2018 | Devoción Matutina para Adultos | Oración del Resucitado

Aconteció que estando sentado con ellos a la mesa, tomó el pan y lo bendijo, lo partió, y les dio. Entonces les fueron abiertos los ojos, y le reconocieron. Lucas 24:30, 31.

Hay una mezcla singular de misterio y sencillez en la narración de los hechos que acaecieron entre la resurrección y la ascensión de Jesús. El relato de Lucas 24 tiene un cierto aire de lejanía y de profundidad. Como si las palabras se quedaran cortas, y los hechos significaran más de lo que aparece en la superficie. A su vez, la narración es sencilla, porque los hechos son simples: Las mujeres se dan cuenta de que la tumba está vacía, avisan a algunos discípulos lo que estaba ocurriendo, Pedro verifica esto. Luego el relato describe a dos caminantes que van hablando de lo acontecido ese fin de semana en Jerusalén, Jesús se une a ellos, y les explica con las Escrituras que todo eso estaba profetizado. No reconocen a Jesús, Lucas no explica el porqué. Entonces ambos caminantes llegan con Jesús a una aldea, lo invitan a comer en su casa, y cuando Jesús parte el pan y lo bendice recién entonces se dan cuenta de que el que les hablaba en el camino ¡es el Maestro de Nazaret!

Las palabras de Jesús en aquella casa parecían calcadas de la Cena del Señor (Luc. 22:7-20). Además, eran las mismas palabras que los evangelistas usaron luego para describir la alimentación milagrosa de los cuatro y los cinco mil. Fue ese acto de generosidad de partir el pan, bendecirlo y compartirlo, que les resultó familiar, lo que abrió sus ojos y su corazón para reconocer al Maestro.

Las relaciones familiares bendecidas por la presencia del Señor no se quebrantan, a pesar de los hechos más fatídicos que puedan ocurrir. La memoria rescata siempre lo que el corazón necesita. La tumba había roto toda aquella dulce y bendita relación íntima entre Jesús y sus discípulos, ellos se sentían solos; pero cuando Jesús partió el pan, se dieron cuenta de que había resucitado.

Todo afecto humano enraizado en Jesús es imperecedero. Toda oración de fe acompañada de simples actos de amor trae a Jesús a tu lado. ¡Pronto podremos estar sentados a la mesa, en cuya cabecera estará Jesús!

Oración: Señor, abro la puerta de mi corazón para que cenes conmigo.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADULTOS 2018

LAS ORACIONES MÁS PODEROSAS DE LA BIBLIA

Ricardo Bentancur

Lecturas devocionales para Adultos 2018

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