Martes 24 de abril 2018 | Devoción Matutina Jóvenes

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DEVOCIÓN MATUTINA PARA JÓVENES 2018 365 VIVENCIAS DE JÓVENES COMO TÚ Lecturas devocionales para Jóvenes 2018

DEVOCIÓN MATUTINA PARA JÓVENES 2018
365 VIVENCIAS DE JÓVENES COMO TÚ
Lecturas devocionales para Jóvenes 2018

«Amen al Señor su Dios, obedézcanlo y séanle fieles, porque de ello depende la vida de ustedes y el que vivan muchos años en el país que el Señor juró dar a Abraham, Isaac y Jacob, antepasados de ustedes». Deuteronomio 30: 20

Durante el año 1999 enfermé de tuberculosis abdominal. Después de haber asistido a una actividad de la iglesia me agravé en el camino de regreso y no pude llegar a casa. Me trasladaron al hospital de la ciudad de Mochil donde me hicieron una primera operación. Los médicos no pudieron quitar los tumores y me trasladaron al hospital regional en Tuxtla Gutiérrez, donde estuve interna por tres meses.

Luego del primer mes me realizaron una segunda operación; pero los médicos tampoco pudieron sacar los tumores, ya que abarcaban todo el abdomen. Decidí hacer una promesa a Dios, y dije: «Señor, solo tú conoces mi pasado, presente y futuro. Permíteme vivir para servirte, me dedicaré enteramente a tu servicio, y si no fuera así, ¿para qué quiero la vida? Tómala en este momento».

Un viernes mis pies empezaron a encogerse, mis manos y el cuello a torcerse, me quedé sin fuerzas. El dolor era muy agudo. Los médicos y enfermeras subieron a verme. Intentaron ayudarme pero no pudieron y me dejaron sola, ordenaron que nadie entrara, ni siquiera un médico o una enfermera en mi cuarto. Mi familia esperaba que alguien saliera para avisar que había muerto pero en medio de la desesperación se arrodillaron y clamaron a Dios por mi. Al terminar, vino a sus mentes ungirme, así lo hicieron y al final me dejaron cubierta totalmente con una sábana.

Al despertar no me podía mover, ni hablar; solo pude mover la mano derecha y mi hermano, que estaba muy pendiente de mí, nuevamente se arrodilló y clamó a Dios por mi salud y así quedé dormida hasta la mañana. Al despertar no sentí dolor, me levanté, caminé, hablé y salí de mi cuarto a saludar a las enfermeras quienes se asustaron pues creían que esa noche moriría. Les dije que Dios tenía un plan para mí.

Hoy, alabo a Dios que me ha permitido vivir diecisiete años después de ese incidente. Me gozo en alabar su nombre y te animo para que uses tu vida para predicar a este mundo la venida de Cristo.

Hilaria Ruiz Gónzalez, México

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