Martes 22 de noviembre 2016 | Devoción Matutina para Menores 2016 | Lecciones al desayunar 


Él les dijo: Echad la red a la derecha de la barca, y hallaréis. Juan 21:6.

Justo después de la semana de Pascua, los discípulos dejaron Jerusalén y se encaminaron hacia el norte, a Galilea, donde Jesús les había dicho que lo encontrarían. Las escenas alrededor del lago les trajeron recuerdos.

Los discípulos no sabían exactamente cuándo verían a Jesús, pero como la noche estaba cálida y agradable, de pronto Pedro tuvo una idea. Todavía conservaba la pasión por los barcos. “Vamos a pescar”, urgió. El resto estuvo de acuerdo. Una noche de trabajo sin duda los ayudaría a cubrir su necesidad de comida y de ropa.

Pero pescaron toda la noche, y lo único que consiguieron fue una red vacía. Las horas, largas y sombrías, parecían tan inútiles como el futuro. Los puso tristes.

Cerca del amanecer, su bote se acercó a la orilla y notaron que un extraño estaba parado en la playa.

“¿Pescaron algo?”, preguntó el extraño desde lejos. “No”, respondieron. ’Arrojen la red hacia el lado derecho del bote”.

Juan reconoció al extraño inmediatamente. “iEs el Señor!”, exclamó.

Rápidamente, Pedro se puso su ropa de pescador, saltó al lago y nadó hacia la orilla. Cuando llegó, encontró a Jesús parado al lado de las brasas de un pequeño fuego, con algo de pescado y pan para ellos.

“Trae los peces que pescaste”, dijo Jesús.

Pedro se acercó rápidamente para ayudar a arrastrar la red, que estaba cargada con 153 peces grandes. Era suficiente como para romperla pero, misteriosamente, se mantuvo firme. Era un recordativo de aquella primera vez que Jesús los había encontrado cerca del mar. Al arrojar su red hacia la derecha, hacia donde él estaba parado, la estaban tirando hacia el lado de la fe. Siempre tendrían éxito si cooperaban con él.

Aquella misma mañana, Jesús quiso dar a Pedro una oportunidad de hacer una confesión pública. Tres veces había negado abiertamente a Jesús, y tres veces Jesús le preguntó directamente si realmente lo amaba. El discípulo fue profundamente conmovido, y mostró que ahora era un hombre convertido. Todavía tendría el mismo fuego y entusiasmo, pero nunca más sería tan jactancioso y seguro de sí mismo.

Ahora, Jesús sabía que realmente sería un verdadero pastor para su pueblo.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA MENORES 2016

¡GENIAL!

Dios tiene un plan para ti

Por: Jan S. Doward

Lecturas devocionales para niños 2016

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