Martes 20 de septiembre 2016 | Devoción Matutina para Damas 2016 | ¿Saber, o no saber?


El futuro es algo que cada cual alcanza a un ritmo de sesenta minutos por hora, haga lo que haga y sea quien sea.C. S. Lewis

¡CUÁNTAS VECES deseamos poder conocer el futuro! Nos parece que, si se eliminaran del camino ciertas incertidumbres, nuestra vida sería mucho más fácil. Por eso quisiéramos saber ya cómo serán nuestros hijos cuando crezcan, sobre todo desde el punto de vista de su relación con Dios; qué tal nos irá con el hombre con el que nos hemos casado; cuán bien nos defenderemos en la vida económicamente; hasta cuándo nos durará la salud; si la profesión que hemos elegido será la adecuada… Ojalá Dios nos revelara ciertas cosas de nuestro futuro, ¿verdad? Pues depende.
Comenta Philip Yancey* que, basándonos en la Biblia, la única conclusión a la que podemos llegar es que conocer el futuro no garantiza nada. Algunos tuvieron ese privilegio y, sin embargo, no mejoró su vida. A Ezequías, Dios le dijo cuánto viviría exactamente, y no supo usar con sabiduría los años que le quedaban; ayudó a la invasión de Babilonia y el cautiverio de su propio pueblo. Cuando Saúl supo a través de un profeta de Dios que su reino pasaría a manos de David, en lugar de actuar para favorecer el designio divino comenzó una lucha a muerte en contra del elegido de Dios. Balaam recibió mensajes muy claros de parte de Dios sobre cuál sería el futuro de Israel, y sin embargo no desistió de obrar en contra de los acontecimientos predichos. A Pedro le advirtió Jesús de que negaría al Maestro tres veces y, aún sabiendo que algo tan negativo podría salir de sus labios, no fue capaz de evitarlo. La propia muerte del Salvador había sido predicha por los profetas, pero su pueblo no la impidió.
Está claro que saber el futuro no es garantía que de podamos gestionarlo bien. Por eso, la única seguridad nuestra está en confiar en que Dios sí sabe conducimos día a día por el camino de la salvación. El conocimiento del futuro que sí debemos tener, Dios nos lo ha dado: la segunda venida y la vida eterna. Con esa revelación tenemos todo lo necesario para vivir por la fe. No hace falta más.

“Yo sé los planes que tengo para ustedes, planes para su bienestar y no para su mal, a fin de darles un futuro lleno de esperanza” (Jer. 29:11).

* Philip Yancey, Finding God in Unexpected Places (Michigan: Vine Books, 1997), pp. 183-186.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA LA MUJER 2016
Ante todo, cristiana
Por: MÓNICA DÍAZ
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