Martes 17 de abril 2018 | Devoción Matutina para Adultos | Corramos antes de que se cierre la puerta

«Estarán dos hombres en el campo: uno será llevado y el otro será dejado. Dos mujeres estarán moliendo: una será llevada y la otra será dejada». Mateo 24: 40, 41, NVI

Judas, uno de los apóstoles de Jesús, estuvo a sus pies durante más de tres años, aprendiendo de él, observando sus pasos, viendo sus milagros y oyendo sus enseñanzas. Sin embargo, a pesar de todo lo que recibió de su Maestro, desaprovechó el tiempo inútilmente. Cristo estuvo dispuesto a perdonarlo, pero Judas no le rindió su corazón; la compañía de Jesús lo habría transformado, pero dejó pasar la oportunidad.
Lo mismo sucede con algunos que han escuchado durante mucho tiempo la verdad de la Palabra. Han sido testigos del poder de Dios en su vida y en la de los demás, y han participado en la predicación del evangelio, pero no se han entregado por completo a Cristo. De repente, se encuentran en grandes dificultades, encerrados en su propia trampa sin poder salir, y perecen lejos de Dios y sin esperanza.
Hace muchos años, justo a la puesta del sol, llegó a las costas de Inglaterra un barco procedente de Nueva York. De pronto, encalló sobre unas rocas, se hundió y todos los pasajeros perecieron, salvo el capitán y su esposa, quienes durante toda la noche permanecieron sobre una roca, soportando el viento frío y las fuertes olas. Al amanecer, llegó la ayuda, pero el barco de rescate no pudo acercarse lo suficiente debido a las rocas, así que, desde lejos, les lanzaron sogas para rescatarlos de aquella situación. Solo tenían que saltar cuando las olas bravias del mar subían para cubrir las rocas salientes, y así no caer sobre ellas y perecer. El capitán le pidió a su esposa que saltara primero. Ella se aferró a la soga y quiso lanzarse en el momento preciso pero se detuvo un instante, lo suficiente como para perder la oportunidad. Cuando por fin se lanzó, fue demasiado tarde: las olas habían bajado y, al caer, se estrelló contra las rocas y también pereció.
Así sucede con todo aquel que duda al entregar su corazón a Cristo. La oportunidad muchas veces no se repite, la dejamos pasar y, cuando reaccionamos, es demasiado tarde. No dudemos y entreguemos nuestra vida a Dios.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADULTOS 2018
FUENTES DE VIDA
David Javier Pérez
Lecturas devocionales para Adultos 2018

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