Martes 12 de diciembre 2017 | Devoción Matutina Damas

El consuelo de mis hijos

DEVOCIÓN MATUTINA PARA DAMAS 2017 VIVIR EN SU AMOR Carolyn Rathbun Sutton – Ardis Dick Stenbakken Lecturas Devocionales para Mujeres 2017

DEVOCIÓN MATUTINA PARA DAMAS 2017
VIVIR EN SU AMOR
Carolyn Rathbun Sutton – Ardis Dick Stenbakken
Lecturas Devocionales para Mujeres 2017

“Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza ni sombra de variación” (Sant. 1:17).

Mis tres hijos ya son adultos. Los tres pasan de los treinta años; son maduros, razonablemente independientes, ¡y legales! Y yo me doy el gusto de recordar sus “días de bebé”, la época en que necesitaban de un cuidado total: atenderlos cuando lloraban por la noche, alimentarlos, cambiarles los pañales… Cuando eran pequeños, los días parecían interminables; luego llegó la escuela primaria, y más tarde la secundaria. Es cierto que tuvimos problemas financieros, problemas con el cumplimiento de las reglas y con las consecuencias de las malas decisiones. Pero también disfrutamos de experiencias de crecimiento, del patinaje, de los parques de diversiones y de vacaciones de verano.

Entonces, uno a uno, se fueron a la universidad. Yo temía pasar por el síndrome del nido vacío; afligirme por mi pérdida, a medida que ellos iban ganando más y más autonomía. Y es cierto que los extrañé a todos, y que me permití llorar un buen rato luego de dejarlos en sus nuevos hogares. Pero los viajes de regreso a casa también estuvieron llenos de gozo y de orgullo por sus progresos.

Quizás estos cambios no fueron tan difíciles porque, al crecer, nuestra relación también creció. ¡Sí, ese es el gozo! Ya no me necesitan para lo que me necesitaban cuando eran pequeños; pero todavía me necesitan. Necesitan compartir sus experiencias conmigo… Y todavía precisan algunos recursos.

Y sí, yo también los necesito. Aprecio sus perspectivas. Quiero su aprobación y afirmación, y florezco en su amor y confianza en mí. Quizá mi mayor gozo es que frecuentemente llaman por teléfono, simplemente para orar conmigo. Quieren que los acompañe al acudir con confianza al Trono de la gracia. Esta necesidad, esta actividad, esta relación, es mi mayor consuelo.

Mi relación con mis hijos me recuerda mi relación con mi Padre celestial. Espero estar creciendo en gracia; pero aunque yo crezca, sigo necesitándolo. Necesito su dirección, su intervención, su corrección y su amor constantes.

La Biblia indica que Dios desea que lo glorifique (ver Isa. 42:12). Esta es mi relación con él. Saber que soy su hija me consuela, así como yo consuelo a mis hijos.

Señor, gradas por todos tus regalos; espedalmente, por el regalo de nuestra relación. Amén.

Elizabeth Darby Watson

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VIVIR EN SU AMOR 

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