Lunes 9 de abril 2018 | Devoción Matutina Adultos

Cristo, el Cordero de Dios

DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADULTOS 2018 FUENTES DE VIDA David Javier Pérez Lecturas devocionales para Adultos 2018

DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADULTOS 2018
FUENTES DE VIDA
David Javier Pérez
Lecturas devocionales para Adultos 2018

«Al día siguiente Juan vio a Jesús que se acercaba a él, y dijo: “¡Aquí tienen al Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!”». Juan 1: 29, NVI

El miércoles de la semana de la pasión, los Evangelios no registran ningún acto público de Jesús. Faltaban dos días para su crucifixión, por lo que podemos suponer que sentía gran angustia por el peso del pecado del mundo.

La Pascua había sido establecida como símbolo de liberación del pueblo de Israel de la esclavitud de Egipto. El cordero sacrificado era la figura principal para la remisión de los pecados pero, en esta ocasión, Cristo sería quien nos liberaría de la condenación del pecado y de la muerte eterna. Los sacrificios por el pecado lo señalaban a él como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo (Juan 1: 29).

Casi dos mil años antes de la llegada de Jesús, Abraham vio a Cristo como el Cordero de Dios cuando le dijo a Isaac que el Señor proveería el animal para el holocausto (Génesis 22: 8). Anticipó la venida de Jesús, y comprendió que un día se sacrificaría por nuestras faltas. Jesús dijo: «Abraham, vuestro padre, se gozó de que había de ver mi día; y lo vio y se gozó» (Juan 8:56). El patriarca comprendió que el cordero que él ofrecía era solo un símbolo de Jesús, quien vendría un día para morir en la cruz por nosotros.

¿Cómo pudieron ser salvas esas personas antes de que viniera Cristo? Por la fe en su sangre, al igual que nosotros. Pero hay una diferencia: ellas fueron salvas por la fe que miraba hacia la futura muerte del Señor en la cruz, y nosotros somos salvos por la fe que mira atrás, cuando Cristo murió en la cruz.

Isaías presentó a Cristo como el sustituto del pecador. Cientos de años antes de que Jesús naciera, el Espíritu Santo reveló a Isaías que el Mesías sería varón de dolores, experimentado en quebrantos. Isaías comprendió que el Salvador sufriría y moriría, y el Espíritu Santo le hizo entender cuál era la razón de los sufrimientos de Cristo: nuestros pecados.

Depositemos nuestra fe en la sangre de Cristo, el Cordero de Dios que nos limpia de todo pecado.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADULTOS 2018

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