Lunes 4 de junio 2018 | Devoción Matutina para Adultos | Oración de reconocimiento

Me gozaré y alegraré en tu misericordia, porque has visto mi aflicción; has conocido mi alma en las angustias. Salmo 31:7.

Hoy de mañana saludé a un compañero de trabajo con el habitual “¿Cómo estás?” -¿Podría estar mejor? -me respondió.
Me sorprendió su respuesta, porque siempre está de buen ánimo. -¿Algún problema? -le pregunté.
-Bueno, si realmente estuviera bien, no desearía tanto el cielo -me contestó. Me quedé pensando en esa respuesta. ¡Cuán aplicables son sus palabras a la oración! Parafraseándolo, podríamos decir: “Si realmente estuviera bien, no desearía tanto orar”. Parece que cuando estamos bien no necesitamos orar. Es decir, cuando estamos bien, puede que estemos mal.
David fue mejor persona cuando era perseguido que cuando disfrutaba de las delicias de la corte. Sus mejores salmos fueron escritos en tiempos de persecución. Los pueblos que sufren parecen ser más pesados de cuerpo pero más livianos y elevados de alma. Recuerdo mi juventud en la época de la dictadura en los países del sur de Sudamérica. A pesar del agobio por la falta de libertad, y también de pan, la creatividad no cesaba. Los poetas escribían como nunca, y los músicos componían melodías inolvidables. Como si la adversidad los inspirara. Los golpes de la adversidad son duros, pero jamás estériles.
El filósofo romano Séneca escribió: “No hay nadie menos afortunado que el hombre a quien la adversidad olvida, pues no tiene oportunidad de ponerse a prueba”. Como los barriletes (cometas), hay personas que recién se elevan cuando el viento las golpea de frente.
El corazón humano aprende más del fracaso que del éxito; más de la tribulación que de la bonanza (ver Ecl. 7:2). David conoció a Dios, y confió en él en las pruebas. Aprendió de sus errores, de sus fracasos y de sus pecados. Y se gozó en la misericordia de Dios en los momentos más duros de su vida.
La adversidad siempre trae consigo una cuota mayor de sabiduría que los momentos de placer y tranquilidad. Porque si hemos de alcanzar el bienestar pleno, habrá sido por la enseñanza que nos dejaron los tiempos difíciles.
Puede que hoy estés fatigado de tanta adversidad. La oración restaura tu alma. Destila en ti frescas gotas del rocío divino. Responde en el silencio de tu corazón la pregunta a Dios: “¿Señor, qué me quieres enseñar?”

Oración: Señor, gracias por tu misericordia, que jamás me abandona.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADULTOS 2018
LAS ORACIONES MÁS PODEROSAS DE LA BIBLIA
Ricardo Bentancur
Lecturas devocionales para Adultos 2018

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