Lunes 30 de abril 2018 | Devoción Matutina para Damas | El tiempo perfecto de Dios

“En el día de mi angustia te invoco, porque tú me respondes” (Sal. 86:7).

Me dirigía a Sudáfrica. En el aeropuerto, luego de despachar mi equipaje, salí para saludar a mi hermana y sus hijas, que me estaban esperando para despedirnos. Al caminar rápidamente hacia ellas, no noté que se me caía el pasaporte. Recién en la puerta de embarque, cuando me pidieron mostrarlo, descubrí que no lo tenía en la cartera.
Me asusté. Estaba ante un gran problema. Sin el pasaporte, no podía salir del país. No solo perdería mi vuelo, probablemente perdería mi trabajo como profesora.
Toma mucho tiempo conseguir un nuevo pasaporte y procesar un permiso de trabajo; la administración de la escuela no podría esperarme tanto tiempo.
Ya me habían dado unas vacaciones extendidas y había faltado una semana a clases. ¡Necesitaba encontrar el pasaporte con urgencia! Caminando lentamente, volví sobre mis pasos. Mi hermana y sus hijas también comenzaron a buscar mi pasaporte. Yo oraba en forma constante, pidiendo a Dios que me ayudara con mi problema. La respuesta llegó en el momento exacto.
Cuando me acercaba al guardia de seguridad en la entrada de la puerta de embarque, para preguntarle si alguien le había entregado un pasaporte, una mujer le extendía un pasaporte que había encontrado en el suelo. Oré fervientemente: “¡Dios, que sea el mío!” Pedí al guardia de seguridad si podía verlo y casi salto de gozo al ver que era el mío. Agradecí a la mujer por su generosidad en tomarse el tiempo de devolver el pasaporte. En mi emoción por haberlo recuperado, olvidé preguntarle su nombre.
Las únicas palabras que pude pronunciar en ese momento fueron palabras de gratitud y agradecimiento por su amable acción. Ella fue un ángel enviado por Dios para rescatarme en mi momento de dificultad.
Lamentablemente, he olvidado su rostro. Yo puedo olvidarme, pero sé que Dios nunca olvida la bondad que me demostró en mi momento de necesidad. Oro para que Dios la bendiga tanto como me bendice a mí.
Ante mi problema, Dios respondió a mi oración. Qué Dios amante y comprensivo servimos. Él realmente no tiene oídos sordos a nuestras oraciones y pedidos.

MINERVA M. ALINAYA
es directora de la escuela secundaria adventista de Patnubay, en Cavite, Filipinas.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA DAMAS 2018
BENDECIDA
Ardis Dick Stenbakken
Lecturas Devocionales para Mujeres 2018

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