Lunes 21 de mayo 2018 | Devoción Matutina Jóvenes

Un Dios invisible en una noche oscura

DEVOCIÓN MATUTINA PARA JÓVENES 2018 365 VIVENCIAS DE JÓVENES COMO TÚ Lecturas devocionales para Jóvenes 2018

DEVOCIÓN MATUTINA PARA JÓVENES 2018
365 VIVENCIAS DE JÓVENES COMO TÚ
Lecturas devocionales para Jóvenes 2018

«Ustedes aman a Jesucristo, aunque no lo han visto; y ahora, creyendo en él sin haberlo visto, se alegran con una alegría tan grande y gloriosa que no pueden expresarla con palabras». 1 Pedro 1: 8

El viernes 20 de marzo, cuando ya el sol se había ocultado y habían empezado las horas sagradas del sábado, nos disponíamos a descansar para poder llegar temprano a la iglesia el día siguiente y realizar actividades del Día de la Bondad y la Compasión en las iglesias que pastoreo.

Aquella noche, antes de irme a la cama una hermana vino a buscarme y me pidió que la ayudara a organizar algunas raciones que habían llegado para el Distrito de Sabanetas. Salí junto con mi esposa dejando a nuestros hijos Nayelli de tres años y Christopher de siete durmiendo en casa mientras unas hermanas del vecindario se quedaron cuidándolos.

El trabajo se prolongó hasta casi medianoche, decidí regresar con mi esposa y llegamos a casa cerca de la doce de la noche. Al entrar a la casa, sin sospechar lo que nos esperaba, fui al baño y mi esposa fue a la habitación de huéspedes para que las hermanas que cuidaban a los niños pudieran dormir. De repente un disparo de escopeta arranca un grito de los labios de mi esposa. Salí del baño a toda prisa solo para ser interceptado por varios hombres enmascarados apuntándome sin decir nada más que «Vas a morir», y, pensando en que habían asesinado a mi esposa, reaccioné evitando que llegaran a mis hijos. Los hombres realizaron varios disparos que me impactaron en el lado izquierdo del cuello.

Un hermano y mi familia me trasladaron al hospital más cercano, que quedaba a una hora de distancia. Al llegar me ingresaron en la sala de emergencias, donde los doctores sorprendidos no entendían cómo la bala no había tocado la yugular. Uno de los médicos me dijo: «En el cielo te quieren mucho».

Aquella tenebrosa noche el Dios invisible se había hecho presente y salvó mi vida y la de mi familia. Hoy puedo seguir proclamando las buenas nuevas de salvación.

Es probable que no hayas atravesado una experiencia similar, pero hoy quiero que salgas a enfrentar la vida con la seguridad de que hay un Dios real que te protege.

Encomienda hoy tu vida en sus manos y el Señor podrá bendecirte.

Cristian Lerma, El Salvador

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