Lunes 17 de octubre 2016 | Devoción Matutina para Damas 2016 | Saber vestir


La autoridad de la moda es tal que nos obliga a ser ridículos para no parecerlo. Joseph Sanial-Dubay

“Hoy NO FUI a la iglesia porque no tenía ninguna ropa que me gustara para ponerme”, me dijo un día alguien, cuando yo llevaba poco tiempo siendo adventista. Hoy sé que esto es bastante común entre nosotras.
“¿Qué me voy a poner?” Esta es, sin duda, una de las primeras preguntas que todas nos formulamos cada mañana con cierta preocupación. Y es que a todas nos preocupa bastante nuestra imagen, “vestir bien”, de acuerdo a como cada una interpretamos qué significa exactamente eso de vestir bien.
Con demasiada frecuencia nos sentimos insatisfechas con la ropa que tenemos en nuestro armario, y queremos comprar más, estar más a la moda. Nos vamos a veces al extremo de permitir que esa preocupación nos influya más de la cuenta y nos lleve a conductas que resultan un poco arriesgadas desde el punto de vista del cristianismo. Por ejemplo, arriesgado es gastar en ropa hasta endeudamos; arriesgado es dejar de ir a la iglesia porque no tenemos un vestido lo suficien- temente sofisticado; arriesgado es dar una imagen frívola que no se corresponde con la de una mujer de principios.
La primera prenda de ropa de la historia la creó la pareja del Edén para cubrir su pudor: “Cosieron hojas de higuera y se cubrieron con ellas” (Gén. 3:7). Pero Dios, que tiene siempre en mente el bien de sus criaturas (al contrario que los diseñadores de moda), enseguida se dio cuenta de que aquella ropa no era la apropiada. Y les dio otra de mayor calidad, que los protegiera del frío y les durara mucho (ver Gén. 3:21). Aquella ropa transmitía el gran mensaje que Dios les estaba dando al vestirlos. Matando a un animal, como símbolo del sacrificio de Cristo y del perdón ofrecido tras el pecado, señalaba hacia lo que realmente importa: vestimos de Jesucristo.
“No tengo nada que ponerme”, decimos, y por llegar a esa conclusión dejamos de hacer cosas más importantes que la imagen. ¿De verdad no tengo una sonrisa que mostrar, en agradecimiento al sacrificio de Cristo en la cruz? ¿No tengo un perdón que ofrecer a quien me ha lastimado, así como Dios me ha perdonado a mí y me ha vestido de su gracia? ¿No tengo una mano que echar a quien realmente está desnudo? Eso sí es saber vestirse bien.

“Vestios del Señor Jesucristo, y no proveáis para los deseos de la carne” (Rom. 13:14, RV60).

DEVOCIÓN MATUTINA PARA LA MUJER 2016
Ante todo, cristiana
Por: MÓNICA DÍAZ
Lecturas Devocionales para Mujeres 2016
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