Lunes 11 de septiembre 2017 | Devoción Matutina Adultos

De tales padres, tales hijos

DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADULTOS 2017 DE VUELTA AL HOGAR Elena G. de White Lecturas devocionales para Adultos 2017

DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADULTOS 2017
DE VUELTA AL HOGAR
Elena G. de White
Lecturas devocionales para Adultos 2017

LA FAMILIA DE DIOS

«Vengan, hijos míos, y escúchenme: voy a enseñarles a honrar al Señor». Salmo 34: 11, DHH

LOS HIJOS serán en gran medida lo que sean sus padres. Las condiciones físicas de estos, sus inclinaciones y apetitos, sus aptitudes intelectuales y morales, se reproducen, en mayor o menor grado, en sus hijos.

Cuanto más nobles sean los propósitos que animen a los padres, cuanto más elevadas sus dotes intelectuales y morales, cuanto más desarrolladas sus facultades físicas, mejor será la preparación que darán a sus hijos para la vida. Cultivando en sí mismos las mejores cualidades, los padres influyen en la formación de la sociedad de mañana y en el ennoblecimiento de las futuras generaciones.

Los padres y las madres deben comprender su responsabilidad. El mundo está lleno de trampas para los jóvenes. Muchos se dejan seducir por una vida de placeres egoístas y sensuales. No pueden discernir los peligros ocultos o el fin temible de la senda que a ellos les parece camino de la felicidad. Cediendo a sus apetitos y pasiones, malgastan sus energías, y millones quedan perdidos para este mundo y para el venidero. Los padres deberían recordar siempre que sus hijos tienen que resistir estas tentaciones. Deben preparar al niño desde antes de su nacimiento para predisponerlo a pelear con éxito las batallas contra el mal.

Esta responsabilidad recae principalmente sobre la madre, que con su sangre vital nutre al niño y forma su armazón físico, le comunica también influencias intelectuales y espirituales que tienden a formar la inteligencia y el carácter. Jocabed, la madre hebrea de fe robusta y que no temió por «el decreto del rey» (Heb. 11: 23), fue la mujer de la cual nació Moisés, el libertador de Israel. Ana, la mujer que oraba, abnegada y movida por la inspiración celestial, dio a luz a Samuel, el niño instruido por el cielo, el juez virtuoso, el fundador de las escuelas de los profetas de Israel. Elisabet, la parienta de María de Nazaret y animada del mismo espíritu que esta, fue madre del precursor del Salvador. […]

Muchos padres creen que el efecto de las influencias prenatales es de poca importancia; pero el cielo no las considera así. El mensaje enviado por un ángel de Dios y reiterado en forma solemnísima merece que le prestemos la mayor atención. – El ministerio de curación, cap. 31, pp. 257-258.

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