Lunes 11 de junio 2018 | Lecturas devocionales para Damas | El sueño del examen: ¿coincidencia?

“Dios nos habla una y otra vez, aunque no lo percibamos. Algunas veces en sueños, otras veces en visiones nocturnas, cuando caemos en un sopor profundo, o cuando dormitamos en el lecho, él nos habla al oído y nos aterra con sus advertencias, para apartarnos de hacer lo malo y alejarnos de la soberbia” (Job 33:14-17).

Era época de finales en la universidad a la que asistía. Estaba terminando mi tercer año y había acumulado mucho material que tenía que estudiar. Además, a fin de poder pagar mis estudios y otros gastos, trabajaba ocho horas por día como empleada pública en el Poder Judicial. Mis padres suplían todas mis necesidades en casa, pero no podían ayudarme con mis estudios. Por tanto, en esta época del año, y a pesar de haber estudiado diligentemente desde el comienzo del semestre, estaba muy cansada y estresada.
Sabía que un examen en particular sería muy difícil, ya que el profesor era muy estricto. No había podido faltar al trabajo el día anterior al examen (iba a clases por las mañanas y trabajaba hasta las siete de la tarde), así que estaba exhausta y angustiada. Eran casi las ocho de la noche cuando llegué a mi casa esa noche y pensé: Solo con la ayuda de Dios podré hacer este examen. La debilidad y la frustración llenaron mi alma, porque no había podido repasar todo el contenido que sabía que nos pedirían en el examen.
Repasé hasta las once de la noche y me acosté a dormir. Me levanté a las cuatro de la mañana para repasar un poco más, pero no pude estudiar todo. Igualmente, Dios me había dado un sueño en el que vi una hoja de papel con cuatro preguntas; y la última me llamó la atención. Recordaba la pregunta (y la recuerdo hasta el día de hoy). Cuando me desperté, abrí mis apuntes y encontré el material que respondía a esa pregunta.
Cuando llegué a la universidad, comencé a hablar con dos compañeros de clase antes del examen. Repasamos el material y les conté sobre mi sueño. Poco después, comenzó el examen. Cuando miré mi hoja, ¡no lo podía creer!; eran cuatro preguntas y la última era exactamente como había soñado. Cuando salí del aula, los dos compañeros con los que había hablado me sorprendieron diciendo:
—Si no nos hubieras dicho antes, nunca te habría creído a ti, ni tu sueño.
Me fue muy bien en el final, recibí una calificación excelente. Y, más que nada, pude ver la bondad y la misericordia de Dios actuando en mi vida y haciéndome testificar de él.
¿Qué piensas ahora sobre entregar todo a él?

MARCELA BITTENCOURT BREY

Devoción matutina para damas 2018
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Lecturas Devocionales para Mujeres 2018

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