Lección 9 | Miércoles 1 de marzo 2017 | El Espíritu Santo une a la iglesia en fe y doctrina | Escuela Sabática


Miércoles 1º de marzo
EL ESPÍRITU SANTO UNE A LA IGLESIA EN FE Y DOCTRINA
“Un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos” (Efe. 4:5, 6). ¿Qué nos está enseñando aquí Pablo acerca de la unidad y de dónde viene?
La unidad en fe y doctrina se logra únicamente en fidelidad a la Palabra de Dios. El Señor, que es el mismo ayer, hoy y para siempre, forma un vínculo espiritual con cada creyente. El mismo nuevo nacimiento, generado por el Espíritu Santo, la misma obediencia a la Palabra de Dios, hecha posible por el Espíritu Santo, llevan a una unidad de fe y práctica que trasciende toda diferencia humana y cultural.
Aunque somos llamados a someternos a la Palabra de Dios y hacer todo lo que podamos para mantener la paz con todos (Rom. 12:18), en última instancia no podemos por nosotros mismos lograr la unidad teológica o la unidad de propósito como cuerpo de la iglesia. Pues la unidad no es tanto algo que tengamos que lograr nosotros sino más bien es un don del Espíritu Santo, que obra en cada creyente de manera individual y en la iglesia de forma corporativa.
El fundamento teológico de esta unidad es la Palabra de Dios. Cualquier apela¬ción al Espíritu sin la Palabra escrita puede llevar a doctrinas y prácticas dudosas. Al mismo tiempo, cualquier apelación a la Palabra de Dios sin el Espíritu Santo seca la Palabra y la vuelve estéril. Dado que hay un solo Señor, hay una sola fe que lleva a un solo bautismo. Solamente en fidelidad gozosa a la Palabra de Dios podremos ver la unidad en nuestra iglesia. Y si no hay unidad en fe y doctrina, no habrá unidad en misión.
“Tenemos un Señor, una fe, un bautismo. El evangelio de Cristo debe alcanzar a todas las clases, todas las naciones, todas las lenguas y pueblos. La influencia del evangelio debe unir en una gran hermandad. Tenemos un solo Modelo que debemos imitar en la edificación del carácter, y entonces todos tendremos el molde de Cristo; estaremos en armonía perfecta; las nacionalidades se unirán en Jesucristo, poseyendo la misma mente, y el mismo juicio, hablando de las mismas cosas, y glorificando a Dios con una sola boca” (NEV 173).
Observa la declaración de Elena de White. Sin pensar en los demás, o en lo que hacen los demás, sino solamente en ti mismo, pregúntate: ¿Qué puedo hacer para ayudar a alcanzar este maravilloso objetivo de la unidad?
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