Lección 8 | Domingo 18 de febrero 2018 | Juntos financiamos la misión | Escuela Sabática

Domingo 18 de febrero
JUNTOS FINANCIAMOS LA MISIÓN
Jesús nos ordena: “Predicad el evangelio” (Mar. 16:15) y “haced discípulos”, “enseñándoles que guarden todas las cosas” (Mat. 28:19, 20). Por lo tanto, Dios quiere que participemos en la obra más importante en la tierra: llevar a la gente a Jesús. Es responsabilidad del mayordomo costear esta misión con los recursos que Dios le ha confiado. La participación profundiza el compromiso personal de presentar a Cristo a los demás. Es el deber de cada discípulo, mayordomo y obrero entregar todo el diezmo para esta obra sagrada. Tenemos que orar por la unidad, pues esta nos ayuda a ser fieles en el financiamiento de la misión, así como una misión exitosa fortalece nuestra unidad en la fe.
¿Cuál es el plan financiero aprobado por Dios para cumplir con esta misión? ¿Qué significa “todos los diezmos”? ¿Qué significa la frase “haya alimento en mi casa”? Mal. 3:10.
Como hemos visto, la gente devuelve el diezmo desde los días de Abraham y de Jacob (Gén. 14:20; 28:22), y probablemente desde antes. El diezmo es parte de un sistema que financia a la iglesia de Dios. Es la mayor fuente de financiación y el método más equitativo para llevar a cabo su misión.
En las culturas actuales, la mayoría de los cristianos dan relativamente poco para financiar la misión de Dios. Si cada cristiano diera un diezmo honesto, el resultado sería “casi inimaginable, simplemente asombroso, casi más allá de la comprensión” (C. Smith y M. O. Emerson, Passing the Plate [Pasando el alfolí], p. 27).
En todas las épocas, Dios ha tenido gente que estuvo dispuesta a financiar su misión. Todos tenemos la responsabilidad de entender y trabajar juntos para sostener económicamente esta tarea global. No podemos darnos el lujo de ser desorganizados, descuidados o poco sistemáticos para financiar la misión. Nuestro desafío es mucho mayor que cuando el pueblo y los levitas le dijeron a Nehemías: “No abandonaremos la casa de nuestro Dios” (Neh. 10:39), y más abrumador que el que enfrentaron los creyentes del siglo XIX. Hoy, los miembros laicos y los pastores deben estar unidos espiritualmente y sumar esfuerzos, económicamente hablando, de modo que se cumplan los objetivos mundiales y se financie la misión.
Piensa en la enorme magnitud de la misión adventista en el mundo (ver Apoc. 14:6, 7). ¿De qué modo debería entender cada uno su propia responsabilidad para ayudar a financiar esta obra?
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