Lección 8 | Domingo 14 de mayo 2017 | Jesús, nuestro sacrifico | Escuela Sabática
Domingo 14 de mayo
JESÚS, NUESTRO SACRIFICIO
Uno de los temas que permean la Biblia entera, incluso el tema por excelencia, es la obra de Dios de salvar a la humanidad caída. Desde la caída de Adán y Eva, en Génesis, hasta la caída de Babilonia, en Apocalipsis, las Escrituras, de un modo u otro, revelan la obra de Dios de buscar y salvar “lo que se había perdido” (Luc. 19:10). Y este tema está presente también en las epístolas de Pedro.
Lee 1 Pedro 1:18 y 19; y Colosenses 1:13 y 14. ¿Qué significa ser redimido, y qué tiene que ver la sangre con la redención?
Primera de Pedro 1:18 y 19 describe la importancia de la muerte de Jesús de este modo: “Sabiendo que fuisteis rescatados […] no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación”. Hay dos imágenes clave en estas palabras: redención y sacrificios animales.
Redención se utiliza en la Biblia de varias maneras. Por ejemplo, el asno primogénito (que no podía ser sacrificado) y el hijo primogénito (Éxo. 34:19, 20) eran redimidos por el sacrificio de un cordero sustituto. Podía utilizarse dinero para comprar nuevamente (redimir) aquello que había sido vendido a causa de la pobreza propia (Lev. 25:25, 26). Pero, más importante aún, un esclavo podía ser redimido (Lev. 25:47-49). Primera de Pedro informa a los lectores que el costo para comprarnos nuevamente, redimirnos, de “vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres” (1 Ped. 1:18), no fue nada menos que la “sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación” (1 Ped. 1:19). La imagen del cordero, por supuesto, evoca el concepto de sacrificios animales.
Pedro compara así la muerte de Cristo con un sacrificio animal en la Biblia hebrea. El pecador traía una oveja sin mancha al Santuario. Luego, posaba sus manos sobre el animal (Lev. 4:32, 33). El animal era degollado, y un poco de su sangre se colocaba sobre el altar; el resto era derramado en la base del altar (Lev. 4:34). La muerte del animal del sacrificio proveía “expiación” por aquel que ofrecía el sacrificio (Lev. 4:35). Pedro está diciendo que Jesús murió en nuestro lugar, y que su muerte nos redimió de nuestra antigua vida y de la perdición que, de otro modo, sería nuestra.
El hecho de que nuestra esperanza de salvación existe solamente gracias a un Sustituto castigado en nuestro lugar, ¿qué nos enseña sobre nuestra d e pendencia completa de Dios?
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