Lección 6 | Lunes 6 de febrero 2017 | La naturaleza de la Santidad | Escuela Sabática


Lunes 6 de febrero
LA NATURALEZA DE LA SANTIDAD
“Cuanto más cerca estéis de Jesús, más imperfectos os reconoceréis; porque veréis tanto más claramente vuestros defectos a la luz del contraste de su perfecta naturaleza. Esta es una señal cierta de que los engaños de Satanás han perdido su poder, y de que el Espíritu de Dios os está despertando” (CC 64, 65).
Lee Efesios 1:4, y 5:25 al 27; y Hebreos 12:14. ¿Cuál es el propósito de Dios para todos sus hijos y para la iglesia?
La santidad es un don de Dios y, a la vez, un mandato divino. Por eso deberíamos orar pidiendo santidad y esforzarnos por manifestarla a diario. La santidad es el fruto del Espíritu desplegado en nuestra vida al caminar, cada día, con Cristo por el Espíritu (Gál. 5:16, 22, 25). La santidad, en pocas palabras, es ser semejante a Cristo. Significa pertenecer a Jesús y vivir como sus hijos, en obediencia y entrega por amor, siendo cada vez más semejantes a él. El significado básico asociado con el concepto de santidad implica un estado de ser separado, ser puesto aparte para un servicio especial a Dios. Por otro lado, la santidad también implica una cualidad moral y espiritual intrínseca; es decir, ser justo y puro ante Dios. Ambos aspectos deben mantenerse juntos.
En el Nuevo Testamento, los creyentes son llamados santos por causa de su relación única con Jesús, que los separa para un propósito especial. Ser santo no los hace éticamente perfectos y sin pecado, sino que los cambia a fin de que puedan comenzar a vivir una vida pura y santa. (Compara con 1 Cor. 1:2, donde Pablo llama a los corintios “santos”, aun cuando no estaban libres de pecado ni eran perfectos.) Los creyentes son llamados a buscar la santidad, sin la cual nadie verá al Señor (Heb. 12:14). La aceptación de Dios de cada creyente es perfecta desde el inicio, pero nuestro crecimiento en la santificación es un proceso de toda la vida, y necesita seguir extendiéndose cada vez más para que seamos transformados más y más a la imagen inmaculada de aquel que nos salvó.
Hay una tensión entre ser santo y, aun así, tener que buscar la santidad. ¿De qué manera nuestra búsqueda de la santidad será diferente si sabemos que ya pertenecemos a Dios y que somos aceptos en él por causa del sacrificio de Jesús por nosotros?
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