Lección 6 | Domingo 5 de febrero 2017 | La Santidad de Dios | Escuela Sabática


Domingo 5 de febrero
LA SANTIDAD DE DIOS
Lee 1 Pedro 1:14 al 16. ¿Por qué la máxima motivación para alcanzar la santidad es, simplemente, la realidad de Dios mismo? ¿Qué te motiva a vivir una vida santa? ¿Qué significa que Dios sea santo?
Es popular enfatizar el amor de Dios y, al mismo tiempo, ignorar su santidad. Aunque Dios es amor, la idea de la santidad en la Biblia se conecta más a menudo con el nombre de Dios que cualquier otro atributo (Sal. 89:18; Isa. 40:25; Jer. 51:5; Eze. 39:7; Apoc. 4:8). La santidad describe la pureza y la perfección moral de su naturaleza. La santidad de Dios significa que es perfectamente bueno y completamente libre de mal. La santidad de Dios es la perfección de todos sus demás atributos.
Si Dios fuera solamente omnipotente (poder infinito), omnisciente (conocimiento perfecto y completo) y omnipresente (presente en todas partes), pero no tuviera santidad perfecta, sería un poder de quien estaríamos aterrorizados, y con razón. Sin embargo, él es un Dios a quien deberíamos amar.
Su poder es poder santo; su misericordia es misericordia santa; su sabiduría es sabiduría santa; y su amor es amor santo. En este sentido, la santidad es la palabra más íntimamente divina de todas, porque tiene que ver con la misma naturaleza de Dios. Negar la pureza del Dios santo es, quizá, peor que negar su existencia. Lo último lo hace inexistente; lo primero, un dios repugnante y detestable.
La santidad de Dios significa que está separado del pecado y enteramente dedicado a buscar el bien que representa en sí mismo. En otras palabras, la santidad denota una cualidad relacional al igual que una cualidad moral. Incluye separación del pecado y devoción completa a la gloria de Dios.
En Isaías 6:3 y Apocalipsis 4:8, se describe a Dios como “santo, santo, santo”. Cuando los escritores bíblicos deseaban enfatizar algo que era importante, repetían la palabra a fin de llamar la atención a lo que se decía. Jesús llama nuestra atención a declaraciones importantes al repetir las palabras “de cierto, de cierto” (Juan 5:24; 6:47; etc.), o “Jerusalén, Jerusalén” (Mat. 23:37), o al llamar a alguien por nombre: “Marta, Marta” (Luc. 10:41). De todos sus atributos, solo la santidad de Dios es mencionada tres veces seguidas. Esto indica algo de suma importancia. La naturaleza de Dios es, verdaderamente, santa. Él es puro y bueno.
¿Cuán aterrado estarías, y con justa razón, si nuestro Dios y Creador todopoderoso no fuera santo y amante? ¿Qué te dice tu respuesta acerca de por qué deberíamos estar tan agradecidos de que Dios sea como es?
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