Lección 5 | Domingo 23 de octubre 2016 | Perezca el día | Escuela Sabática


Domingo 23 de octubre
PEREZCA EL DÍA
Imagínate que tú eres Job. Inexplicablemente, tu vida –todo eso por lo que has trabajado, todo lo que has logrado, todo aquello con lo que Dios te ha bendecido– se viene abajo. Sería algo sin sentido; no parece haber ninguna razón para ello, sea buena o sea mala.
Años atrás, un ómnibus escolar se salió del camino, y murieron muchos niños. En ese contexto, un ateo dijo que esa es la clase de cosas que puedes esperar en un mundo que no tiene sentido, ni propósito, ni dirección. Una tragedia como esa no tiene sentido, porque el mundo mismo no lo tiene.
Esta respuesta no sirve para el creyente en Dios. Y a Job, un fiel seguidor de Dios, tampoco le servía. Entonces, ¿cuál era la explicación? Job no la tenía. Lo único que poseía eran su extremo dolor y todas las preguntas del que este, inevitablemente, suele estar acompañado.
Lee Job 3:1 al 10. ¿De qué modo expresa Job su dolor? ¿De qué forma podemos identificarnos con lo que dice?
Por supuesto, la vida es un don de Dios. Existimos solo porque Dios nos creó (Hech. 17:28; Apoc. 4:11). Nuestra misma existencia es un milagro que ha dejado confundida a la ciencia moderna. En realidad, los científicos no están siquiera en total acuerdo acerca de cuál es la definición de “vida”; mucho menos cómo apareció o, aún más importante, por qué surgió.
Sin embargo, ¿quién no se ha preguntado, en momentos de desesperación, si la vida vale la pena? No estamos hablando acerca de los trágicos casos de suicidio. Más bien, ¿qué podemos decir sobre las ocasiones cuando quizá, como Job, desearíamos no haber nacido?
Un griego antiguo dijo una vez que lo mejor que le puede pasar a una persona, aparte de morirse, es nunca haber nacido. En otras palabras, la vida puede ser tan miserable que habría sido mejor ni siquiera existir, y ahorrarse así la angustia que, inevitablemente, viene con la vida humana en este mundo caído.
¿Has sentido alguna vez lo mismo que Job; es decir, desear no haber nacido? Luego, a la larga, ¿qué sucedió? Por supuesto, te sentiste mejor. Qué importante es que recordemos, entonces, aun en nuestros peores momentos, que tenemos esperanza y una perspectiva de que las cosas mejorarán.
Escuela Sabática | Lección 5 | Para el 29 de octubre de 2016 | Maldito el día | El libro de Job | Cuarto trimestre 2016 | Guía de Estudio de la Biblia – Maestros – Alumnos | Iglesia Adventista del Séptimo Día

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