Lección 3 | Domingo 15 de octubre 2017 | El Poder de Dios | Escuela Sabática

Domingo 15 de octubre
EL PODER DE DIOS
“No me avergüenzo del evangelio, pues es poder de Dios para la salvación de todos los que creen: de los judíos primeramente, pero también de los gentiles. De hecho, en el evangelio se revela la justicia que proviene de Dios, la cual es por fe de principio a fin, tal como está escrito: ‘El justo vivirá por la fe’ ” (Rom. 1:16, 17, NVI). ¿Qué te dice Romanos 1:16 y 17? ¿De qué forma has experimentado las promesas y la esperanza que se encuentran allí?
En este pasaje aparecen varias palabras clave:
1) Evangelio. Esta palabra es la traducción de un término griego que significa, literalmente, “buen mensaje” o “buena noticia”. Aislada, la palabra puede referirse a cualquier mensaje bueno; pero, modificado como está en este pasaje por la frase “de Cristo”, quiere decir “la buena noticia sobre el Mesías” (Cristo es la transliteración del término griego que significa “Mesías”). La buena noticia es que el Mesías ha venido, y la gente puede salvarse creyendo en él. Es en Jesús y en su perfecta justicia (y no en nosotros mismos, ni siquiera en la Ley de Dios) que podemos hallar salvación.
2) Justicia. Esta palabra se refiere a la cualidad de ser “justo” ante Dios. En el libro de Romanos, surge un significado especializado de esta palabra, que presentaremos a medida que avance nuestro estudio del libro. Debe señalarse que, en Romanos 1:17, la palabra está calificada por la frase “de Dios”. Es la justicia que viene de Dios, una justicia que Dios mismo ha provisto. Como veremos, esta es la única justicia suficientemente buena para aportarnos la promesa de la vida eterna.
3) Fe. En griego, las palabras que en este pasaje se traducen como “creen” y “fe” son la forma verbal y sustantivada de la misma palabra: pisteuo (creer), pistis (creencia, o fe). El significado de la fe en relación con la salvación se desarrollará a medida que avancemos en el estudio de la epístola.
¿Has tenido dificultades con la certeza? ¿Tienes momentos en los que realmente te cuestionas si eres salvo, o incluso si puedes serlo? ¿Qué produce estos temores? ¿En qué se basan? ¿Podrían tener fundamento en la realidad? Es decir, ¿es posible que lleves un estilo de vida que niega tu profesión de fe? Si es así, ¿qué decisiones deberías tomar para apropiarte de las promesas y la certeza que son tuyas en Jesús?

DEJA UN COMENTARIO

Comentarios

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

*