Lección 2 | Domingo 3 de julio 2016 | Creados para dominar | Escuela Sabática


Domingo 3 de julio
CREADOS PARA DOMINAR
Alguien escribió que una amiga, atea confesa, dijo que a veces se despertaba de noche, angustiada por preguntas profundas: “¿Es este mundo el resultado de un accidental big bang cósmico? ¿Cómo puede no haber diseño, ni un propósito grande, para nuestra existencia y el universo como un todo? ¿Puede ser que cada vida –incluyendo la mía, la de mi esposo, la de mis dos hijos– sea totalmente irrelevante y sin sentido? ¿Es posible que mi vida no tenga significado ni propósito?”
Después de la Caída, la humanidad perdió mucho. Llegamos a estar alienados no solo de Dios sino también el uno del otro. Aun nuestra relación con la Tierra cambió. Y, como lo muestran las preguntas planteadas por esta mujer mencionada arriba, también luchamos por saber quiénes somos y qué propósito tiene nuestra vida; para muchos, esta incertidumbre empeora a causa de la creencia de que existimos solo por azar, sin previsión ni propósito otorgados por un Creador.
¿Qué nos enseñan los siguientes pasajes acerca de los propósitos para la creación de la humanidad? Gén. 1:26-28; Sal. 8:3-8; Isa. 43:6, 7. ¿Qué significa “para gloria mía los he creado” (Isa. 43:7)? ¿De qué modo se relaciona “la gloria mía” con el dominio?
Según el libro de Génesis, además de –tal vez– otras razones, Dios creó a Adán y a Eva para que tuviesen dominio sobre la Tierra (Gén. 1:26, 27). La primera pareja, reflejando la gloria y el carácter de Dios (Apoc. 1:5, 6), debía ser un canal a través del cual él cuidaría y administraría el resto de la creación terrenal. ¿Quién sabe de qué forma, por medio de ellos, se habrían revelado la gloria de Dios y su dominio sobre el mundo si no hubiera surgido el pecado?
Sin embargo, ahora, al rendir nuestras vidas a él por fe en obediencia y cooperación, podemos decir con David: “Jehová cumplirá su propósito en mí” (Sal. 138:8). El saber que Dios tiene un propósito para cada uno de nosotros es un fundamento para la confianza y el regocijo, especialmente cuando nos entregamos a él a fin de que su voluntad pueda realizarse en nosotros.
Si alguien te preguntara: “¿Cuál dices, como cristiano, que es el propósito de tu vida?”, ¿qué contestarías y por qué?

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