Lección 12 | Domingo 18 de marzo 2018 | Hábito: buscar a Dios en primer lugar | Escuela Sabática

Domingo 18 de marzo
HÁBITO: BUSCAR A DIOS EN PRIMER LUGAR
Todos tenemos hábitos. La pregunta es: ¿De qué tipo son? ¿Buenos o malos? De todos los buenos hábitos que un cristiano podría tener, buscar a Dios en primer lugar cada día tendría que ser lo más importante.
“Cada mañana conságrate tú mismo, alma, cuerpo y espíritu a Dios. Establece hábitos de devoción y confía más y más en tu Salvador” (MCP 1:15). Con un hábito así, seguramente entraríamos por la “estrecha […] puerta” que lleva a la vida (Mat. 7:14).
Dios dijo: “No tendrás dioses ajenos delante de mí” (Éxo. 20:3). Jesús dijo, en el contexto de nuestras necesidades básicas, “buscad primeramente el reino de Dios y su justicia” (Mat. 6:33), y también se nos dijo: “Me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón” (Jer. 29:13).
Lee Mateo 22:37 y 38; Hechos 17:28; Efesios 5:15 al 17; y Colosenses 3:23. ¿Qué se dice aquí que nos puede ayudar a entender cómo poner a Dios en primer lugar en nuestra vida?
De todos los ejemplos en relación con buscar al Señor en primer lugar, ninguno es mejor que el ejemplo de Jesús. Él en todo ponía a su Padre en primer lugar. Comenzamos a ver esta prioridad durante su visita pascual a Jerusalén de niño. Al ser confrontado por su madre, que lo había encontrado “en el templo”, le dijo: “En los negocios de mi Padre me es necesario estar” (Luc. 2:46, 49).
Durante toda su vida, Jesús ansió tener comunión con su Padre, como lo demuestra su vida de oración habitual. Este hábito era algo que los discípulos no comprendían plenamente. Todos los poderes de las tinieblas no pudieron separar a Jesús del Padre, porque Jesús formó el hábito de mantenerse totalmente conectado con él.
Podemos seguir el ejemplo de Jesús al tomar la decisión de amar a Dios con todo nuestro corazón, mente y alma (Mat. 22:37). Al orar, estudiar la Palabra de Dios y tratar de emular el carácter de Jesús en todo lo que hacemos, formaremos el hábito de hacer de Dios lo primero en nuestra vida. Y para un cristiano, ¿qué mejor hábito podría haber?
Pregúntate: ¿Realmente he puesto a Dios en primer lugar en mi vida? ¿Cómo lo sabes?
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