Lección 1 | Domingo 25 de junio 2017 | Perseguidor de Cristianos | Escuela Sabática
Domingo 25 de junio
PERSEGUIDOR DE CRISTIANOS
Saulo de Tarso aparece primeramente en Hechos involucrado con el apedreamiento de Esteban (Hech. 7:58) y luego en conexión con la persecución de mayor escala que estalló en Jerusalén (Hech. 8:1-5). Pedro, Esteban, Felipe y Pablo juegan un papel importante en el libro de Hechos porque participaron de acontecimientos que llevaron a la propagación de la fe cristiana más allá del mundo judío. Esteban tiene especial importancia porque su predicación y martirio parecen haber tenido una profunda influencia en Saulo de Tarso.
Esteban era judío de habla griega, y uno de los siete diáconos originales (Hech. 6:3-6). Según Hechos, un grupo de judíos extranjeros que habían venido a vivir a Jerusalén (Hech. 6:9) entró en disputa con Esteban por el contenido de su predicación acerca de Jesús. Es posible, y hasta probable incluso, que Saulo de Tarso haya estado involucrado en estos debates.
Lee Hechos 6:9 al 15. ¿Qué cargos se levantaron contra Esteban? ¿Qué te recuerdan estas acusaciones? (Ver también Mat. 26:59-61.)
La feroz hostilidad contra la predicación de Esteban parece haber sido el resultado de dos cosas diferentes. Por un lado, Esteban despertó la ira de sus oponentes al no darle importancia primordial a la ley judía y al Templo, que se habían convertido en el punto focal del judaísmo, y eran símbolos atesorados de identidad religiosa y nacional. Pero Esteban hizo más que meramente desestimar estos dos íconos atesorados; proclamó vigorosamente que Jesús, el Mesías crucificado y resucitado, era el verdadero centro de la fe judía.
No es de extrañar, entonces, que haya hecho enojar a Saulo el fariseo (Fil. 3:3-6), cuyo celo contra los primeros cristianos indica que probablemente pertenecía a una facción estricta y militante de los fariseos, llena de un fervor revolucionario. Saulo vio que las grandes promesas proféticas del Reino de Dios aún no se habían cumplido (Dan. 2; Zac. 8:23; Isa. 40:55), y posiblemente creía que era su deber ayudar a Dios a apresurar ese día, limpiando a Israel de la corrupción religiosa, incluyendo la idea de que este Jesús era el Mesías.
Convencido de estar en lo cierto, Saulo estaba dispuesto a condenar a muerte a quienes consideraba equivocados. Aunque necesitamos celo y fervor por lo que creemos, ¿cómo aprendemos a moderar nuestro celo al percatarnos de que, a veces, podemos estar equivocados?
Escuela Sabática | Lección 1 | Para el 1 de julio de 2017 | Pablo: Apóstol a los Gentiles | El Evangelio en Gálatas | Tercer trimestre 2017 | Guía de Estudio de la Biblia – Maestros – Alumnos | Iglesia Adventista del Séptimo Día

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