Jueves 9 de noviembre 2017 | Devoción Matutina para Adolescentes | No hagas lo que le corresponde a otro

“El cuerpo humano, aunque está formado por muchos miembros, es un solo cuerpo. Así también Cristo. [..,]
Si un miembro del cuerpo sufre, todos los demás sufren también; y si un miembro recibe atención especial, todos los demás comparten su alegría” (1 Corintios 12:12, 26).

Durante un partido de fútbol americano que tuvo lugar el 5 de octubre de 2008, los Texanos de Houston cometieron varias equivocaciones que les hicieron perder la grandísima ventaja que llevaban a los Potros de Indianápolis. El mariscal de los Texanos, Sage Rosenfels, había jugado muy bien, llevando a su equipo prácticamente directo hacia la victoria, y restaban únicamente cuatro minutos de partido en el marcador. Los comentaristas habían dado por hecho que los Potros no tenían posibilidades de remontar, hasta que el mariscal de los Téjanos tomó una decisión que envió a su equipo en una espiral descendente hacia la derrota. Cuando le entregaron el balón, uscó a un jugador que estuviera abierto y, viendo que no tenía opciones, decidió jugar como un defensa y salir corriendo. Desde luego no es la mejor decisión, pero tampoco está tan mal si corres unas cuantas yardas y después pasas la pelota antes de que los defensas te bloqueen. Pero, en lugar de pasar la pelota, Sage Rosenfels intentó saltar sobre tres defensas para avanzar más sobre el terreno. Si quieres ver lo que pasó, ve a YouTube y busca “Sage Rosenfels helicopter”. Verás que Rosenfels dio un impresionante salto y le hicieron un placaje en el aire. El resultado fue increíble. Después de dar una vuelta tras el choque con los defensas, cayó al suelo, entregando la pelota en manos de los Potros, que anotaron un touchdown. Animados por esa jugada, los Potros ganaron finalmente el partido, anotando un touchdown tras otro. Sage Rosenfels parecía como salido de otro planeta. Nunca debió haber jugado como un defensa sino como lo que era, un mariscal.
Dios nos da diferentes dones a cada uno para que los utilicemos en la iglesia. Todos hemos sido llamados a trabajar unidos como un equipo; sin embargo, algunas personas quieren hacerlo todo ellas solas. No delegan, no comparten y quieren hacer el trabajo de los demás por sí mismas. El resultado no es solo que los demás se enojan, sino que ellos mismos se agotan de hacer tantas cosas. Hoy, echa un vistazo a lo que tú aportas a la iglesia y pregúntate si, tal vez, otra persona debería estar haciendo lo que estás haciendo tú. ¿Estás delegando y compartiendo las responsabilidades o estás haciéndolo todo tú solo para que los demás se fijen en lo capaz que eres?
SP

DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADOLESCENTES 2017
FUSIÓN
Melissa y Greg Howell
Un punto de encuentro entre tú y Dios
Lecturas Devocionales para Adolescentes 2017

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