Jueves 7 de junio 2018 | Devoción Matutina para Adultos | Oración angustiosa

Nada hay sano en mi carne, a causa de tu ira; ni hay paz en mis huesos, a causa de mi pecado. Salmo 38:3.

¿No crees que sufres injustamente?
Nuestro texto es una oración de arrepentimiento, en la que el salmista narra su sufrimiento, tanto físico como mental. Describe los dolores de su cuerpo y los tormentos de su mente, en parte porque se siente culpable y en parte por el miedo que le inspiran sus enemigos. Sus sufrimientos se intensifican a medida que se da cuenta del abandono de sus amigos cuando él más los necesita. Son las lamentaciones de Job.
En sus palabras escuchamos el eco de una idea injusta acerca de Dios: “Nada hay sano en mi carne, a causa de tu ira”. David piensa que Dios lo está castigando por su pecado. Pero no es así. Todo dolor es consecuencia de vivir en un mundo caído. Hay sufrimiento por pecados concretos que hemos cometido: “Mientras callé se secaron mis huesos” (Sal. 32:3-5). Sin embargo, no todo sufrimiento es resultado directo de un pecado cometido. En tiempos de Jesús, los teólogos enseñaban que toda aflicción era castigo de una mala acción, ya fuera del que la padecía o de sus ancestros (ver Juan 9:2). “Satanás, el autor del pecado y de todos sus resultados, había inducido a los hombres a considerar la enfermedad y la muerte como procedentes de Dios, como un castigo arbitrario infligido por causa del pecado” (DTG436). A causa de esto, Dios era considerado arbitrario, vengativo y justiciero.
Hoy, muchos creyentes comparten esta idea equivocada. A pesar de las lecciones contenidas en el libro de Job y en las enseñanzas de Jesús (ver Luc. 13:16; Hech. 10:38), consideran que Dios es el originador de la enfermedad. Que es la causa de nuestros males. Pero Jesús ¡jamás nos daña!
En tus momentos de enfermedad, más allá de la causa de tu padecimiento, la oración destila gotas de consuelo, ánimo y fortaleza para soportar la prueba. Jesús predomina sobre el mal que ha originado tu sufrimiento, “con fines de misericordia” [DTG 436). Quítale la culpa a tu dolor. Ya Cristo padeció por ti a causa de tus pecados (Heb. 10:12, 18). Ya Cristo te perdonó. No sufras por tu pecado. Puede que estés padeciendo las consecuencias de tus errores, pero ¡tu corazón está guardado en Dios!
Oración: Señor, dame ánimo en la enfermedad.

Devoción matutina para adultos 2018
Las oraciones más poderosas de la biblia
Ricardo Bentancur
Lecturas devocionales para Adultos 2018

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