Jueves 31 de mayo 2018 | Devoción Matutina para Jóvenes | El lastre de los vividores

“El que envía a un mensajero perezoso se echa vinagre en los dientes y humo en los ojos” (Proverbios 10:26).

Simón el mago era todo un personaje en Samaría. Había aprendido a vivir del engaño, la mentira y el fraude. Pretendía ser un hechicero con poderes sobrenaturales que asombraban a las multitudes. Su popularidad había crecido en una sociedad alejada de la Palabra de Dios. Sus espectáculos esotéricos y artes ilusionistas atraían a mucha gente y le daban abundantes ganancias. Su influencia era tan significativa que llegó a ser conocido como ¡el “Gran poder de Dios”! (Hechos 8:9,10). Pero un día, Felipe llegó a predicar el evangelio a ese lugar. El verdadero poder del cielo se dejó ver de manera palpable. Se vieron milagros y hechos extraordinarios. ¡El propio Simón quedó impresionado! ¡Esto no era un engaño! Los ojos del hechicero centelleaban. La gente reconocía el poder de Dios. Él mismo aceptó el evangelio y fue bautizado.
A partir de ese día, Simón seguía a Felipe adondequiera que iba. No salía de su asombro cada vez que era testigo de un milagro genuino a través del siervo de Dios. ¿Qué clase de poder era este? ¿Cómo podía obtenerse? Simón se imaginaba la cantidad de dinero que podría amasar si tuviera acceso a ese misterioso poder. Entonces, descubrió el secreto cuando Pedro y Juan impusieron las manos sobre algunos creyentes, quienes recibieron el Espíritu Santo. ¡Claro, ahí estaba la clave! ¿Cuánto podía costar recibir el don del Espíritu Santo? Así que Simón ofreció una generosa cantidad de dinero a cambio de recibir al Espíritu Santo. Al escuchar la propuesta del mago, Pedro respondió:
-¡Que tu dinero perezca contigo -le contestó Pedro-, porque intentaste comprar el don de Dios con dinero! No tienes arte ni parte en este asunto, porque no eres íntegro delante de Dios. Por eso, arrepiéntete de tu maldad y ruega al Señor. Tal vez te perdone el haber tenido esa mala intención. Veo que vas camino a la amargura y a la esclavitud del pecado.
-Rogad al Señor por mí para que no me suceda nada de lo que habéis dicho -respondió Simón (Hechos 8:20-24).
Hay personas que hacen lo imposible por rehuir el trabajo honrado a lo largo de su vida y prefieren dedicarse a todo tipo de actividades tramposas. Pero olvidan que el trabajo es un medio para edificar el carácter durante su paso por este mundo. Y, a menos que pidan sinceramente ser transformados por Dios, esta actitud arruinará sus vidas.
Pide hoy al Señor que te enseñe a vivir de acuerdo con su voluntad.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA JÓVENES 2018
¡RENUÉVATE!
Alejandro Medina Villarreal
Lecturas devocionales para Jóvenes 2018

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