Jueves 27 de diciembre 2018 | Devoción Matutina Jóvenes 

Mi trece de enero

Devoción matutina para jóvenes 2018 365 vivencias de jóvenes como tú Lecturas devocionales para Jóvenes 2018

DEVOCIÓN MATUTINA PARA JÓVENES 2018
365 VIVENCIAS DE JÓVENES COMO TÚ
Lecturas devocionales para Jóvenes 2018

«El Señor en persona. Él los libertó por su amor y su misericordia, los levantó, los tomó en brazos. Así lo ha hecho siempre». Isaías 63: 9

 

Todo sucedió tan rápido. El 13 de enero de 2010, en el Morgan Stanley Children Hospital de la ciudad de Nueva York, vi morir a mi única hija: Linda Odette. Había nacido con tan solo veintisiete semanas de gestación y esto hizo que su cuadro clínico fuera cada vez más complicado.

Aquel día yo no tenía ganas de ir al hospital, pero sentí que yo era lo único que mi bebé tenía, así que me puse mi traje de «supermamá» y caminé lentamente al hospital. Al llegar, la enfermera me dijo: «No pasó una buena noche, hemos tenido que darle varias dosis de morfina y no ha descansado». Solo atiné a pensar: «Será hoy», pero en ese momento recordé que Dios no nos ha dado un «espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio» (2 Timoteo 1:7, RV95) y me armé de valor.

La enfermera confirmó mis temores al decirme: «Creo que será hoy». Acto seguido empezaron a sonar todas las máquinas: oxígeno, corazón, presión arterial y demás. Los médicos corrieron, cerraron las cortinas y empezaron a trabajar. La experta enfermera me dijo: «Dile que la desconecten y abrázala, porque los niños amados deben irse en los brazos de su madre». En ese momento cerré los ojos y le pedí a Dios valor y confianza en él. Abrí la cortina y dije al Dr. Lay: «Desconéctela, quiero tenerla en mis brazos». El doctor me miró y con lágrimas dijo: «Hagan lo que dice su mami». Ese fue el día más triste de mi vida, pero a pesar de la tristeza y el dolor agradezco a Dios por haberme dado las fuerzas para haberlo soportado.

Hoy tienes un nuevo día delante de ti. No sabes cuándo será tu «trece de enero», por eso te animo a vivir con plenitud, con propósito, con la certeza de que Dios tiene un plan para ti. Recuerda que este mundo no es nuestro hogar y que algún día tendremos que partir de él. Pero al igual que mi bebé, tú y yo somos «niños amados» y por lo tanto, cuando tengamos que abandonar esta tierra de pecado y de sufrimiento, siempre contaremos con los brazos de amor de nuestro Padre celestial. Más que morir en ellos, hoy quiero animarte a vivir en ellos.

Estamos llegando al final de otro año y no hay un mejor lugar para colocar tus sueños, metas y esperanzas que los brazos del Padre. Ellos siempre están abiertos para ti.

 

Ebelyn de la Cruz, Estados Unidos

 

 

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