Jueves 26 de julio 2018 | Devoción Matutina Jóvenes

El auto que no podía arrancar —Primera parte—

Devoción matutina para jóvenes 2018 365 vivencias de jóvenes como tú Lecturas devocionales para Jóvenes 2018

DEVOCIÓN MATUTINA PARA JÓVENES 2018
365 VIVENCIAS DE JÓVENES COMO TÚ
Lecturas devocionales para Jóvenes 2018

«Entonces me llenaré de alegría a causa del Señor mi salvador. Le alabaré aunque no florezcan las higueras ni den fruto los viñedos y los olivares; aunque los campos no den su cosecha». Habacuc 3: 17-18

Acababa de llegar a Cayman Brac, una pequeña isla en las Islas Caimán con muy pocos habitantes: solo mil seiscientos. Mi esposa y yo habíamos comprado cientos de dólares en libros, y los habíamos cargado en el auto y mandado a la isla con la intención de vender los libros y el auto en dos semanas. ¡Cuánta fe!

Todo iba según lo planeado. Los libros se iban vendiendo con rapidez. Había pasado una semana y a pesar de que teníamos un gran cartel de «Se vende» anunciando la venta del vehículo, nadie parecía estar interesado, y eso nos preocupaba. A medida que nos acercábamos al miércoles de la última semana y seguíamos sin ningún comprador o interesado comenzamos a estresamos. El pastor de la iglesia dijo: «No te preocupes; si no consigues venderlo lo cuidaremos por ti», pero necesitábamos el dinero para continuar nuestros estudios en el extranjero.

Aquel miércoles por la noche no aguanté más; estaba muy preocupado porque el auto no se vendía, y el viernes era el último día en el que podía tener lugar la transacción, ya que viajaríamos el domingo siguiente. Sin embargo, esa noche Dios me habló y me preguntó: «¿Por qué estás tan preocupado?». Me retó a que le confiase mi problema y él se ocuparía del resto. Cuando estamos entre la espada y la pared solo hay una cosa que podemos hacer: ¡Confiar en Dios! Así que le confié mi problema. Decidí incluso no hablar más del asunto, y dejar que Dios se encargara de ello; pues era demasiado para mí.

Al día siguiente, cuando iba conduciendo por la carretera, alguien me detuvo. Sorprendentemente, era mi primer interesado, que me pidió que nos viéramos dos horas más tarde. Inmediatamente después mi esposa y yo nos estacionamos en un lugar apartado de la carretera para orar a Dios agradeciéndole por enviamos una compradora. Sin embargo, al finalizar la oración, las cosas dieron un giro inesperado: el vehículo, que había estado funcionado perfectamente, no arrancaba. ¡Vaya momento más inoportuno para tener problemas con el coche!

Mañana te contaré el resto de esta historia, mientras tanto quiero animarte a confiar en Dios en todo tipo de circunstancias, él responde a nuestras oraciones.

Al Richard Powell, Director de Ministerios Juveniles de la División Interamericana

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