Jueves 17 de mayo 2018 | Devoción Matutina para Adultos | Oración por honestidad – 1

Jehová, ¿quién habitará en tu tabernáculo? […]Quien su dinero no dio a usura. Salmo 15:1, 5.

¿Has sido tú alguna vez víctima del abuso financiero?
La usura es el cobro excesivo de intereses por un préstamo de dinero. Expresa avaricia, que es el pecado que nos hace perder todo por quererlo todo. La avaricia y la paz se excluyen violentamente. “Rompe el saco”, dice un viejo refrán. Vacía la “bolsa” de los buenos sentimientos y recuerdos; nos vacía por dentro y nos deja solos, sin amigos.
Pablo nos advierte que “en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres […] avaros” (2 Tim. 3:1, 2).
La avaricia, un pecado de todos los tiempos, hoy, como nunca, es el motor de la economía mundial. Ironizando acerca de los días en que vivimos, Bertolt Brecht, dramaturgo y poeta alemán (1898-1956), dijo: “Robar un banco es un delito, pero más delito es fundarlo”. ¿No has escuchado esta frase: “Dale a un hombre un arma y robará un banco, dale un banco y robará el mundo entero”?
Los bancos han acompañado la historia de nuestra civilización: desde la antigua Fenicia (2000 a.C.), cuando hacían préstamos de granos a los agricultores, pasando por Asiria, Babilonia, Grecia, Roma, y hasta nuestros días. Pero nunca han sido tan protagonistas en nuestra vida cotidiana como ahora. Su mecanismo para hacer dinero es tan simple que la mente lo rechaza. Se trata de la usura, del dinero que tú y yo pagamos con sangre en intereses.
Jean Ziegler, vicepresidente del comité asesor del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, escribió: “Vivimos en un orden caníbal del mundo, en el que cada niño que muere de hambre muere asesinado. Debería constituirse un nuevo tribunal de Núremberg para juzgar por crímenes contra la humanidad a los que especulan en la Bolsa con el precio de los alimentos, y a los banqueros responsables de las crisis financieras”.
Hoy y siempre, “el amor al dinero es raíz de toda clase de males” (1 Tim. 6:10, DHH). Y este pecado no excluye a nadie: creyentes, ateos, dirigentes políticos o religiosos. Todos, en pequeña o gran escala, podemos confundirnos con la vana ilusión del dinero.
Revisemos con frecuencia nuestras cuentas con Dios.

Oración: Señor, ayúdame a revisar mis cuentas contigo.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADULTOS 2018
LAS ORACIONES MÁS PODEROSAS DE LA BIBLIA
Ricardo Bentancur
Lecturas devocionales para Adultos 2018

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