Jueves 12 de abril 2018 | Devoción Matutina Adultos

Tomó la copa en mi lugar

DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADULTOS 2018 FUENTES DE VIDA David Javier Pérez Lecturas devocionales para Adultos 2018

DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADULTOS 2018
FUENTES DE VIDA
David Javier Pérez
Lecturas devocionales para Adultos 2018

«Yendo un poco más allá, se postró sobre su rostro y oró: “Padre mío, si es posible, no me hagas beber este trago amargo. Pero no sea lo que yo quiero, sino lo que quieres tú”». Mateo 26: 39, NVI

Jesús había terminado su ministerio a favor de las personas que lo seguían en la semana de la pasión. No había más que decir a quienes habían oído las advertencias más solemnes y las verdades más importantes y las habían rechazado.

El jueves, su último día antes de morir, decidió dedicarlo a sus discípulos. Mientras los dirigentes judíos lo rechazaron con odio y desprecio, y mientras otros que habían profesado ser sus discípulos le daban la espalda, los doce apóstoles y otro pequeño grupo permanecieron junto a él hasta los momentos finales de su existencia.

Cristo tomó la copa del sufrimiento en nuestro lugar, y «comenzó a entristecerse y a angustiarse en gran manera». «Mi alma está muy triste hasta la muerte», dijo enseguida (Mateo 26:37,38). El terrible peso del pecado del mundo gravitaba sobre él y se cumplía lo dicho por el profeta Isaías: «Jehová cargó en él, el pecado de todos nosotros» (Isaías 53: 6). No permitió que muriéramos eternamente, sino que nos brindó la posibilidad de vivir para siempre. ¡Gloria a nuestro Salvador!

Tomó también la copa de absoluta soledad y vacío: «¿Así que no habéis podido velar conmigo una hora?» (Mateo 26: 40). Ninguno de los discípulos fue testigo de la agonía de Jesús. ¿Dónde estaban los cinco mil que habían sido alimentados? En aquellos momentos, Jesús anhelaba la empatia y el apoyo de sus seguidores. El salmista dijo: «Esperé a quien se compadeciera de mí, y no lo hubo» (Salmo 69:20). Nadie pudo ayudar al maestro en esa hora angustiosa. Incluso tomó la copa de agonizante oración: «Padre mío, si no puede pasar de mí esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad» (Mateo 26: 42). Después de ese momento difícil, la traición se consumó: «¡Levantaos, vamos! Ved, se acerca el que me entrega» (Mateo 26: 46).

Jesús tomó la copa de la soledad, de la dolorosa oración y de la traición. ¿Cómo podríamos olvidar semejante amor? Vayamos a él sin demora alguna.

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