Jueves 11 de enero 2018 | Devoción Matutina Adolescentes

Reunión familiar

Génesis 31-33

Esaú corrió a su encuentro y, echándote tos brazos al cuello, lo abrazó y lo besó. Entonces los dos se pusieron a llorar. Luego Esaú alzó la vista y, al ver a tas mujeres y a los niños, preguntó: “¿Quiénes son estos que te acompañan?” (Génesis 33:4,5).

¿Se reúne a menudo tu familia? La mía no. Mejor ni preguntes. ¡Es muy complicado! Nos amamos, pero realmente nunca nos reunimos ni demostramos nuestro afecto con alguna comida que incluya a los más raros y excéntricos familiares, y menos con la típica remera conmemorativa. ¡Mi familia es un aburrimiento!

Hace unos pocos meses hablaba con un amigo bastante loco que siempre cuenta Las anécdotas más descabelladas de sus dramas familiares. Cuando su familia se reúne, no es raro que se junten más de 200 personas. Me contó de un primo a quien sus familiares no habían visto durante mucho tiempo. Cada vez que se reúnen nombran un comité de búsqueda del primo perdido.

Todos en la familia quieren verlo, pero no porque lo extrañen. De hecho, si llegara a reaparecer, necesitaría presentarse armado hasta los dientes. Mi amigo me dijo que esa oveja negra de la familia estafó miles de dólares a muchas tías. (Nota a la mencionada oveja negra: Tu familia en Pensilvania ha planeado darte una enorme paliza. Si vas para allá, hazlo bajo tu propio riesgo.) A diferencia de mi amigo y su familia, Esaú se dirigía a encontrarse con La oveja negra de su familia, Jacob. Había esperado veinte años por ese momento.

Durante esas décadas, a Esaú le había dado vueltas en la cabeza la primo- genitura que su hermano gemelo le había estafado, y la bendición que le había robado de su padre. Ahora, finalmente iba a servirle a Jacob una porción fría de venganza. Pero algo sucedió en el corazón de Esaú antes de que alcanzara a Jacob. Este le había pedido a Dios que perdonara los pecados de su pasado y sanara la relación con su hermano. Mientras Esaú se aproximaba, Jacob se inclinó delante de Esaú siete veces, rogando su perdón. Esaú saltó de su caballo, levantó a Jacob de sus rodilLas, y lo besó mientras ambos empezaron a llorar. Gracias a que Dios estuvo allí, no hubo drama en esa reunión famiLiar. Si ^ hay problemas en tu familia, cuéntaselo a Dios. Él puede arreglarlos.

 

DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADOLESCENTES 2018

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