Domingo 31 de julio 2016 | Devoción Matutina para Damas 2016 | Cuando sentimos que algo se rompe…


La desilusión es la distancia entre la expectativa y la realidad. Zahkul

TODAS NUESTRAS RELACIONES son con gente común y corriente. Nuestros padres, nuestros hijos, nuestros esposos, nuestros amigos, nuestros hermanos de sangre y en la fe, nuestros compañeros de trabajo… todos harán alguna vez algo que no nos guste. Todos llegarán tarde a alguna cita con nosotras; todos dirán algo que, si lo hubieran pensado dos veces, no hubieran dicho; todos olvidarán devolvemos algún libro que les hemos prestado o, lo que es peor, dinero; todos se olvidarán en alguna ocasión de darnos esa preferencia que creemos que merecemos, o de darnos las gracias, pecado capital; todos estarán ocupados en alguna ocasión en que para nosotras sea fundamental hablar o tenerlos a nuestro lado; todos serán indiscretos con algo que para nosotras era sumamente íntimo… porque todos, sin excepción, son (somos) humanos, pecadores, imperfectos, limitados, de carne y hueso.
¿Por qué habríamos de esperar que nunca nos fallaran, nunca nos decepcionaran, nunca nos lastimaran? Sería tan poco realista como esperar de alguien (incluidas nosotras mismas) que se comportara como lo que no es: infalible, perfecto. Y sin embargo, así somos: esperamos demasiado de los demás, nos apoyamos a veces en exceso en otras personas que, como nosotras, son humanas. Y por eso, en ocasiones, nos desilusionamos; sentimos que algo se rompe. Únicamente los ángeles no nos defraudarían, pero ¿con cuántos ángeles convivimos, trabajamos, tenemos amistad o asistimos a la iglesia?
La gente nos falla, nos decepciona e, incluso a veces, nos traiciona; eso no significa que no sean cristianos, dignos, maduros o buenos familiares y amigos. Sí es un paso atrás en su camino y en nuestra relación mutua, pero lo que hace falta de nuestra parte es grandeza de espíritu, capacidad de perdón, tolerancia, generosidad, apertura de mente, compromiso y toneladas de sentido del humor. Con ellos podremos sobrellevar esos aspectos negativos de nuestras relaciones personales que son inevitables. Son los riesgos que corremos al relacionamos. Pero ¿cuál es la otra opción? ¿El aislamiento y la soledad? Entonces, ¿con quién compartiríamos el evangelio?
Como leemos en las Escrituras: “Ayudémonos unos a otros a llevar nuestras cargas, y así cumpliremos la ley de Cristo” (Gál. 6:2). Y si es absolutamente necesario romper alguna relación, oremos por la transformación de esa persona. Somos enfermos que necesitan al gran Médico.

“Si alguien es sorprendido en pecado, ustedes que son espirituales deben restaurarlo con una actitud humilde” (Gál. 6:1, NVI).

DEVOCIÓN MATUTINA PARA LA MUJER 2016
Ante todo, cristiana
Por: MÓNICA DÍAZ
Lecturas Devocionales para Mujeres 2016
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