Domingo 3 de junio 2018 | Devoción Matutina Damas

El vengador

DEVOCIÓN MATUTINA PARA DAMAS 2018 BENDECIDA Ardis Dick Stenbakken Lecturas Devocionales para Mujeres 2018

DEVOCIÓN MATUTINA PARA DAMAS 2018
BENDECIDA
Ardis Dick Stenbakken
Lecturas Devocionales para Mujeres 2018

“Tan compasivo es el Señor con los que le temen como lo es un padre con sus hijos” (Sal. 103:13).

Unos dieciocho meses después de que Ahika murió, decidimos tener otro perro. Desde la primera vez que vi a Vengador (el nombre que un niñito puso a nuestro cachorro en la veterinaria), noté que era muy juguetón. Trajeron al pequeño cachorro a mi oficina en una caja de cartón. Todo el día, mientras esperaba que lo llevaran a su nuevo hogar, se mantuvo ocupado entrando y saliendo de la caja.

Desde su llegada, Vengador nos ha mantenido ocupados a nosotros. Pensamos que necesitaba un compañero de juegos, así que compramos otro cachorrito. Pero, como si estuviera celoso del cachorro más joven, Vengador lo mordía mientras jugaban, y comenzó a lastimarle la cabeza y la cara.

Vengador es culpable de muchas pequeñas travesuras. Los recipientes en los que le damos su comida suelen estar todos mordidos. Tengo que cambiarme la ropa a cada rato, porque me salta encima cada vez que entro en casa. Destrozó el felpudo. Mordisqueó mis sandalias. Destruyó plantas. Recientemente, «descuelga» la ropa que está a su alcance, secándose en el tendedero; se la lleva para hacerse su cama. En una ocasión, tuve que lavartres días seguidos la misma ropa. Decidimos castigarlo cada vez que sacaba ropa del tendedero, con la esperanza de refrenar este mal hábito, pero no dio resultado. Cada vez que cuelgo ropa en el tendedero, tengo que volver a lavarla. Ahora, cuando me ve caminar hacia él, se acurruca en un rincón, porque sabe que lo voy a regañar.

El pequeño Vengador me recuerda mis errores reiterados y la paciencia que Jesús tiene conmigo. Me reprende a través de su Palabra, pero yo persisto en mis malos actos. A semejanza de mi perrito, cometo vez tras vez los mismos pecados. Sin embargo, Jesús me tiene paciencia y me perdona cuando se lo pido. Pero, un poco después, nuevamente, vuelvo a mi actitud pecaminosa. “No entiendo lo que me pasa, pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco. Ahora bien, si hago lo que no quiero, estoy de acuerdo en que la ley es buena; pero, en ese caso, ya no soy yo quien lo lleva a cabo sino el pecado que habita en mí” (Rom. 7:15-17).

Estoy tan agradecida porque, en lugar de recibir un golpe cada vez que me equivoco, Jesús me ama incondicionalmente.

RUBY H. ENNISS-ALLEYNE

escribe desde Sudamérica, donde es asistente de Tesorería en la Asociación de Guyana.

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