Domingo 15 de mayo 2016 | Devoción Matutina para Mujeres 2016 | Otto, el ascensorista

Muchos son ganados solamente con amor y bondad. Elena de White

CORRÍA el año 1934 en Alemania. Hitler estaba en el poder y el doctor Schiff salía de su oficina del séptimo piso. De pronto, el ascensorista lo asió de la chaqueta y lo introdujo bruscamente al ascensor; subió la palanca y detuvo la marcha entre dos pisos. “Abajo está la Gestapo para llevárselo”, susurró Otto. “¿A mí? ¡Pero si yo no he hecho nada!”, increpó el abogado. “¡Están llevándose a todos los judíos influyentes!”, respondió Otto. “¿Qué puedo hacer?”, preguntó Schifif. “Bajaremos al segundo piso; salga sin saludar a nadie y camine por la izquierda hasta el final del pasillo. Doble a la derecha y tome la salida de emergencia. Acabo de abrirla para usted”, indicó Otto, el ascensorista.
“¿Por qué está haciendo esto por mí?”, quiso saber Schiff. “Llevo muchos años trabajando aquí, pero nunca nadie se ha dignado saludarme. Para ellos es como si yo fuera parte de esta máquina. En cambio usted jamás ha olvidado mostrarme su aprecio. ¿Se acuerda del día en que llegué con el brazo lastimado? Solo usted se interesó por mi estado, me puso en contacto con su cuñado y él me lo enyesó”. El doctor obedeció las instrucciones, subió al primer tranvía y se alejó de la escena. Fue al consultorio de su cuñado, se hizo enyesar de pies a cabeza y, en una ambulancia, fue trasladado a la frontera con Francia.* De este modo, salvó su vida.
Ana, la cajera del supermercado donde realizas tu compra diaria; Víctor, el conductor del autobús que te lleva cada jomada al trabajo; María, la dependienta del banco donde guardas tus preciados ahorros; Antonio, el diácono que cada sábado te recibe a la puerta de la iglesia… ¿qué significan todos ellos para ti? ¿Son piezas más de una cadena que interpretas como el servicio que la sociedad está obligada a brindarte? ¿O los consideras eslabones de la cadena humana que solo puede ganarse para Cristo con amor y bondad?
¡Esta es la verdadera religión! Ejercer simpatía y misericordia en todo momento de la vida y en todo punto del mapa. Salir de nuestro ensimismamiento y ver que por todas partes hay seres humanos a los que el Señor quiere alcanzar con una sonrisa tuya, con un gesto de amor humano que les recuerde su dignidad y les haga sentirse de nuevo hijos de Dios.

“La fe de ustedes está creciendo y el amor que cada uno tiene por los otros es cada vez mayor” (2 Tes. 1:3).

* It’s a small word alter all [Al fin y al cabo, solo se trata de una palabra], de R. Hanoch Teller. Consultado el 19 de diciembre de 2012 en http://www.elreloj.com/article.php?id= 19283

DEVOCIÓN MATUTINA PARA LA MUJER 2016
Ante todo, cristiana
Por: MÓNICA DÍAZ
Lecturas Devocionales para Damas 2016

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