Domingo 12 de agosto 2018 | Devoción Matutina para Damas | Sus mil maneras

“Pon en manos del Señor todas tus obras, y tus proyectos se cumplirán” (Prov. 16:3).

Mi familia y yo vivíamos en el complejo para trabajadores de la misión que estaba pegado a una estación de servicio. Como yo era la tesorera,tuve la oportunidad de mudarme a la casa en la que había vivido el tesorero anterior. Pero mi esposo y yo lo hablamos, y decidimos que los nuevos trabajadores debían ocupar esa casa, no nosotros. Hacía poco habíamos remodelado y actualizado aquella vivienda y, si nos mudábamos allí, podrían acusarnos de haberla arreglado solo para mudarnos luego.

Pero teníamos un problema permanente al lado de nuestro departamento. Era un generador enorme y ruidoso, que operaba nuestro vecino de la estación de servicio. Oramos muchas veces, preguntando al Señor cómo podíamos deshacernos del molesto artefacto. Estábamos realmente cansados de tanto ruido día y noche.

De repente, la administración de la misión decidió agregar otro miembro al personal de nuestro equipo. Por ser la tesorera, pensé en cómo podríamos acomodar a esta nueva familia, ya que no había ninguna casa ni departamento vacíos. Entonces, nuestro presidente (un hombre extranjero) propuso convertir uno de los dos departamentos para huéspedes en departamento para personal. Yo sabía que aquellos departamentos no estaban dándonos las ganancias que debían darnos, así que convertirlos en alojamiento permanente para personal sería mucho más rentable, y a todos nos gustó la idea. Ahora la pregunta era quién se mudaría a la nueva casa, ya que era bastante más pequeña que las casas normales.

El presidente, primero, le pidió al secretario que se mudara allí, pero él rechazó la oferta. Entonces, el presidente me dijo a mí que nos mudáramos allí. Le dije: “Déjeme hablarlo con mi esposo”. Lo discutimos, pero vimos el mismo problema que antes: si nos mudábamos a la nueva casa, nos podrían acusar de ser egoístas y de querer sacar ventaja de la situación. Por lo tanto, respondí al presidente que, si alguna otra persona quería vivir allí, nosotros no teníamos problema.

El presidente se enojó un poco y dijo: “La gente siempre habla de ti, de cómo te sacrificas y eres buena con todos. ¡Te dije que se muden allí!” Así que, sin más discusiones, nos mudamos. Y agradecimos al Señor porque dejamos de sufrir con el ruido del generador. No teníamos idea de cómo Dios solucionaría el problema del ruido, pero nuestro Señor sabe cómo resolver cualquier problema. Pruébalo. Él tiene mil maneras de ayudarte. Pero busca su dirección primero.

SWEETIE RITCHIL

escribe desde Bangladés, donde es tesorera de la Unión.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA DAMAS 2018

BENDECIDA

Ardis Dick Stenbakken

Lecturas Devocionales para Mujeres 2018

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