Domingo 10 de septiembre 2017 | Devoción Matutina Adolescentes

Propiedades magnéticas

DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADOLESCENTES 2017 FUSIÓN Melissa y Greg Howell Un punto de encuentro entre tú y Dios Lecturas Devocionales para Adolescentes 2017

DEVOCIÓN MATUTINA PARA ADOLESCENTES 2017
FUSIÓN
Melissa y Greg Howell
Un punto de encuentro entre tú y Dios
Lecturas Devocionales para Adolescentes 2017

“De allí se dirigió Jesús a la reglón de Tiro. Entró en una casa, sin querer que nadie lo supiera; pero no pudo esconderse” (Marcos 7:24).

Había espías en cada rincón, en cada tienda, en cada barca, detrás de cada casa y por toda la playa. ¿De qué otra manera podrían saber todas y cada una de las cosas que hacía yo, desde la mañana hasta la noche? La isla de Ebeye, donde viajé como estudiante misionera, es muy pequeña. Apenas tiene un kilómetro y medio de longitud, pero en ella viven más de doce mil personas, haciendo de la Isla uno de los lugares con mayor densidad poblacional del mundo. Visto así, uno puede pensar que es fácil pasar desapercibido por allí, pero no lo es. “Señorita, ¿por qué compró usted tantas papas anoche?”, me preguntaron mis alumnos en clase, a pesar de que ninguno estaba en la tienda donde yo había ido de compras “Maestra, ¿por qué ayer volvió a casa caminando por la playa?” “¿Por qué iba leyendo un libro en el barco cuando fue a buscar agua?” Estaba claro que yo era la única pasajera. Quizás esto sucedía porque yo era maestra en una de las escuelas más grandes de la Isla. O tal vez porque era una de las únicas seis personas en toda la isla con el pelo rubio. ¿Cómo podían saber cada uno de mis movimientos? Tenían que ser espías.

En mayor escala, así fue la vida de Jesús. Cuando entraba en una ciudad, fuera la hora que fuese, la gente lo estaba esperando. Incluso cuando intentaba mantener su presencia en secreto, no lo lograba. La gente se agrupaba a su alrededor, llevándole enfermos de a cientos y esperando escuchar palabras de su boca. Cuando recibió la noticia de que su primo había sido decapitado, Jesús se alejó para llorar, pero el gentío lo siguió y terminó enseñando y alimentando a cinco mil personas. Jesús buscaba soledad y descanso, pero era incapaz de decirle a nadie que se fuera sin haberlo atendido antes. La gente se sentía atraída hacia él como si fuera un imán: cuanto más tiempo pasaba con ellos, más deseaban quedarse. Nunca se cansaban de Jesús.

Es difícil Imaginar algo así. Nosotros raramente buscamos estar con Jesús; difícilmente nos emociona o nos sentimos atraídos por su Palabra. ¿Cuál es el secreto para lograrlo? La clave es, sencillamente, comenzar. Jesús aún tiene propiedades magnéticas, de manera que cuanto más tiempo pases en su presencia, más lo desearás.

Es imposible cansarse de él.

MH

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