Domingo 10 de julio 2016 | Devoción Matutina para Mujeres 2016 | El sentido de la vida


En este mundo solo existen dos tragedias: una es no obtener lo que deseamos, la otra es obtenerlo. Oscar Wilde

Fíjate cómo están las cosas: no alcanzar nuestras metas, no obtener lo que deseamos, nos frustra, nos puede generar depresión, hacemos sentir incapaces y que lleguemos a perder el gusto por vivir. Visto así, eso es, sin duda, una gran tragedia. Pero la cosa es que cuando alcanzamos aquello en lo que hemos centrado nuestra vida y nuestros esfuerzos, descubrimos al final, inexorablemente, que nos deja insatisfechas, nos abre el camino a otro deseo mayor, o nos pasa factura en términos de todo aquello a lo que hemos tenido que renunciar (la familia, el descanso, las buenas relaciones personales) para “alcanzar el éxito”. A veces, incluso llegamos a la conclusión de que aquello no era en realidad lo que queríamos, porque sigue estando dentro de nosotras esa insatisfacción indefinible del alma. Aunque todo el mundo nos envidie, sabemos que algo nos falta.
“El Predicador” ya trató de advertírnoslo: “Todo lo que se hace en este mundo es vana ilusión, es querer atrapar el viento” (Ecle. 1:1, 14). Todo lo que se hace con el objetivo de agradar al yo, se entiende. Porque en realidad de lo que “nuestras almas están sedientas es de sentido”.* Lo que nos frustra y nos impide ser felices es que nuestras vidas carezcan de sentido.
¿Cómo hemos de vivir para que nuestro paso por este mundo logre evitar que “no quede memoria de lo que precedió […] en los que vengan después” de nosotras (Ecle. 1:11, RV95)? Pobre de mí si pretendo tener la respuesta exacta a esta pregunta, pero sí creo haber llegado a la conclusión de cuáles son las claves. Viviendo una vida volcada en dar, servir y ayudar a los demás. “Todas las buenas dádivas que Dios hace al hombre constituirán una maldición a menos que este las emplee para hacer felices a sus semejantes y para promover la causa de Dios en el mundo” (Consejos sobre mayordomía cristiana, cap. 3, p. 22). Aprendiendo a disfrutar de las cosas pequeñas. Esas sí le dan tremendo sentido a la vida. Y recordando que Dios es eterno, y nos dará algún día la eternidad.
Si sacamos a Dios de la ecuación, todo perderá sentido.

“De todo cuanto mis ojos deseaban, nada les negué, […] y resultó que todo era vanidad […], y sin provecho bajo el sol” (Ecle. 2:10,11, NBLH).

*Harold S. Kushner, Cuando nada te basta (Buenos Aires: Emecé, 2005), p. 16.

DEVOCIÓN MATUTINA PARA LA MUJER 2016
Ante todo, cristiana
Por: MÓNICA DÍAZ
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