Domingo 10 de diciembre 2017 | Devoción Matutina Damas

El premio perdido

DEVOCIÓN MATUTINA PARA DAMAS 2017 VIVIR EN SU AMOR Carolyn Rathbun Sutton – Ardis Dick Stenbakken Lecturas Devocionales para Mujeres 2017

DEVOCIÓN MATUTINA PARA DAMAS 2017
VIVIR EN SU AMOR
Carolyn Rathbun Sutton – Ardis Dick Stenbakken
Lecturas Devocionales para Mujeres 2017

“Oren sin cesar” (1 Tes. 5:17, NVI).

Estábamos en primer grado; ansiosos por aprender a leer, escribir, memorizar versículos bíblicos y jugar. Para ese entonces, ya había memorizado el Padrenuestro, el Salmo del Pastor y la Promesa del Señor. Un día, la maestra nos pidió que, uno por uno, nos pusiéramos de pie frente a la clase y dijéramos de memoria nuestro versículo bíblico preferido. Quien lo hiciera perfectamente, ganaría un cuaderno nuevo. Ese premio era de gran valor para los niños, y por ende, para los padres. La Segunda Guerra Mundial todavía no había terminado; los padres no hablaban a sus hijos sobre sus dificultades durante la guerra. Pero en nuestra escuela de un solo cuarto, el papel que usábamos era hojas de banano; nuestro lápiz era un palito de bambú afilado. Si presionabas la hoja con demasiada fuerza al escribir, se rompía; si no presionabas lo suficiente, las marcas no se veían. Puedes entender ahora que recibir un cuaderno era un premio codiciado.

De los niños, solo mi primo Arile y yo estábamos listos para recitar de memoria frente a la clase. Yo me paré primero: “En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros” (Juan 14:2, RV60). Me incliné y me senté. Arile me sonrió, antes de levantarse para decir su versículo: “Oren sin cesar”. Se inclinó y se sentó. Yo dije: “¿Eso es todo?” La maestra le dio el cuaderno. Bajé la cabeza para esconder mi vergüenza y mis lágrimas de tristeza. La maestra se me acercó y susurró: “Rose, te olvidaste la parte que dice: ‘Y si me voy y se lo preparo…’ “. Yo asentí; me había olvidado de decir esa parte. No es justo. El versículo de Arile era de solo tres palabras, pensé.

Esa noche, lo busqué en la Biblia; y sí, es un versículo perfectamente completo. Arile y yo continuamos siendo amigos; pero cada vez que nos vemos y él me dice “Oren sin cesar”, siempre quiero llorar. Su madre me aconsejó no demostrarle que me siento mal. “Trátalo como un recordatorio de orar sin cesar”. Y tampoco quiero olvidar la Promesa del Señor: “Voy, pues, a preparar lugar para vosotros”. ¡Ese es el verdadero premio!

Rose Eva Baria Constantino

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VIVIR EN SU AMOR 

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