Domingo 1 de julio 2018 | Devoción Matutina Damas

Solo una factura

Devoción matutina para damas 2018 Bendecida Ardis Dick Stenbakken Lecturas Devocionales para Mujeres 2018MATUTINA PARA DAMAS 2018 BENDECIDA Ardis Dick Stenbakken Lecturas Devocionales para Mujeres 2018

Devoción matutina para damas 2018
Bendecida
Ardis Dick Stenbakken
Lecturas Devocionales para Mujeres 2018

“No” (Éxo. 20:17).

Entré en casa llevando en la mano la correspondencia que había llegado y la tiré sobre la mesa, cerca del tacho de basura. Lo mismo de siempre: publicidades de cosas que no quiero: catálogos de cosas que no voy a comprar; propaganda política… Por supuesto, de vez en cuando, hay alguna carta personal o una factura para pagar, y cada mes llega un extracto de mi cuenta bancaria. Reconocí el sobre y lo puse en algún lugar seguro, para después revisarlo.

Unos días después, cuando tuve algo de tiempo, busqué el informe del banco y mi chequera, para asegurarme de que todo estuviera bien. Encontré los gastos usuales: el cheque para la iglesia, un cheque para la peluquería, pagos de ropa para chicos, retiro de efectivo del cajero automático y un pago de la tarjeta “Discovery”; pero… no decía “Discovery”, sino “Discovetr”. Me reí, al pensar en la persona apurada que había apretado las teclas equivocadas al escribir, como a mí me pasa de vez en cuando. Pero la palabra que se formó en el medio (covet) [codiciar] me llamó la atención y me dio mucho en qué pensar.

¿Podría haber una relación entre mi tarjeta de crédito y la codicia? ¡Seguramente, no! Sin embargo, debo ser sincera y reconocer que me encanta hacer compras. Mi esposo dice que es mi terapia; y debo admitir que es bastante fácil comprar cuando tengo una tarjeta de crédito en la cartera. Pero ¿cuenta eso como “codiciar”?

Conozco el versículo bíblico que dice: “No codiciarás”. Busqué la definición en el diccionario, y explica que es querer algo excesivamente, ansiar, o desear. Entonces, llegó la hora de hacer una autoevaluación. Tener una tarjeta de crédito a mano cuando salgo de compras realmente facilita que haga más que desear las cosas que veo. Pero quiero ser una buena mayordoma del dinero de Dios; después de todo, no es mío. Sin embargo, mi respuesta habitual a llevar conmigo una tarjeta de crédito es que me posibilita aprovechar una oferta que puedo encontrar inesperadamente.

Mi resumen del banco vino dos meses seguidos con ese extraño error. Quizás alguien (léase el Espíritu Santo) estaba tratando de llamarme la atención.

Quizá, lo que tengo que hacer cuando llega la correspondencia es tirar rápidamente a la basura las publicidades atractivas y los catálogos llamativos, ¡antes que el deseo y las ansias excesivas echen raíces!

ROXY HOEHN

es una abuela feliz, que vive en Kansas, EE. UU.

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