Diálogo Bíblico | Miércoles 11 de mayo 2016 | Migajas de la mesa | Escuela Sabática
Miércoles 11 de mayo
MIGAJAS DE LA MESA
Después de alimentar, sanar y predicar a su propio pueblo, Jesús dejó la región de los judíos y entró en la región de los gentiles.
Lee Mateo 15:21 al 28. ¿De qué manera debemos entender esta historia?
No es una historia fácil, porque no tenemos el beneficio del tono de voz y las expresiones faciales. Primero, Jesús parece ignorar a esta mujer; luego, sus palabras parecen muy severas: “No está bien tomar el pan de los hijos, y echarlo a los perrillos” (vers. 26).
¿Qué pasaría si le hablaras así a una persona? Alguien te pregunta si puede tener alguno de tus dulces, y tú contestas: “No es bueno echar mis dulces a los perros”. No conquistarás muchos amigos, ¿verdad? Sin embargo, aquí hay algunas cosas que debemos considerar.
Es cierto que, en ese tiempo, los judíos se referían a los gentiles como perros. Pero aquí, Jesús usa el término griego más afectuoso, “perrito” (o “cachorrito”), que se relaciona con perros domésticos que son alimentados desde la mesa.
Esta mujer cananea llama a Jesús “Hijo de David”. Esto muestra su familiaridad con el hecho de que Jesús era judío. Como buen maestro, Jesús dialoga con ella y la pone a prueba. Craig Keener escribe: “Tal vez le pide que comprenda su verdadera misión e identidad, para que ella no lo trate como a un vagabundo a quienes los gentiles apelaban para algún exorcismo. No obstante, él la llama a reconocer la prioridad de Israel en el plan divino, un reconocimiento que admite su dependencia […]. Uno puede comparar esto con el requisito que puso Eliseo a Naamán de zambullirse en el Jordán, a pesar de que él prefería los ríos Abana y Farfar […] lo que en última instancia llevó a Naamán a reconocer al Dios y la tierra de Israel (2 Rey. 5:17, 18)”.−The Gospel of Matthew: A Socio-Rhetorical Commentary, p. 417.
Es probable que esta fuera una mujer griega de clase alta, parte de una clase que “en forma rutinaria tomaban el pan de los judíos empobrecidos que vivían en la cercanía de Tiro […]. Ahora […] Jesús invierte la relación de poder, porque el ‘pan’ que Jesús le ofrece pertenece primero a Israel […] esta ‘griega’ tiene que pedir ayuda a un judío itinerante”.−ibíd.
Al dialogar con esta mujer, Jesús la dignifica a ella: se va con su hija sana y su fe en el Hijo de David encendida.

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