Diálogo Bíblico | Martes 7 de junio 2016 | La caída de Jerusalén | Escuela Sabática
Martes 7 de junio
LA CAÍDA DE JERUSALÉN
Lee Mateo 24:15 al 22. ¿De qué está hablando Jesús aquí? ¿Qué clase de cuadro presenta en respuesta a las preguntas que le formularon?
Con “la abominación desoladora” se entiende generalmente alguna clase de sacrilegio o profanación de lo que es santo. Jesús está hablando obviamente acerca de la destrucción de Jerusalén, que ocurriría en el año 70 d.C. Como vimos ayer, Jesús mezcló su descripción de este evento con el estado en que se encontrará el mundo antes de su segunda venida. “Cristo vio en Jerusalén un símbolo del mundo endurecido en la incredulidad y rebelión que corría presuroso a recibir el pago de la justicia de Dios” (CS 24).
No obstante, aun en medio de la desolación, el Señor procura salvar a todos los que quieran salvarse. En Lucas, Jesús realmente les dice a los discípulos que huyan antes de que se establezca la desolación: “Pero cuando viereis a Jerusalén rodeada de ejércitos, sabed entonces que su destrucción ha llegado. Entonces los que estén en Judea, huyan a los montes; y los que en medio de ella, váyanse; y los que estén en los campos, no entren en ella. Porque estos son días de retribución, para que se cumplan todas las cosas que están escritas” (Luc. 21:20-22).
Cuando los cristianos en Jerusalén vieron que esto sucedía, huyeron de la ciudad como los instruyó Jesús, mientras que la mayoría de los judíos quedaron atrás y perecieron. Se estima que más de un millón de judíos pereció durante el sitio de Jerusalén, y 97 mil más fueron tomados cautivos. “Sin embargo, durante un respiro temporario, cuando los romanos inesperadamente levantaron el sitio de Jerusalén, todos los cristianos huyeron, y se dice que ninguno de ellos perdió la vida. Se refugiaron en Pella, ciudad ubicada en los cerros al este del río Jordán, a unos treinta kilómetros al sur del mar de Galilea” (CBA 5:486).
Piensa en una ocasión en la que alguien te advirtió acerca de algo y, para tu posterior abatimiento, no le prestaste atención. ¿Por qué es tan importante que, además de escuchar las maravillosas promesas de la Palabra de Dios, también escuchemos sus advertencias?

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