Diálogo Bíblico | Lunes 18 de septiembre 2017 | Cuidado con la tentación | Escuela Sabática

Lunes 18 de septiembre

CUIDADO CON LA TENTACIÓN

“Entonces dijo Natán a David: Tú eres aquel hombre” (2 Sam. 12:7).

No deberíamos pasar por alto la seriedad de las palabras de Pablo en Gálatas 6:1, de cuidar nuestra vida para no caer nosotros también en tentación. Un indicador de la urgencia y de la preocupación personal detrás del consejo de Pablo puede verse en el modo en que hace su apelación. La palabra traducida “considerándote” significa literalmente “mirar detenidamente” o “prestar cuidadosa atención a” (comparar con Rom. 16:17; Fil. 2:4). Por lo tanto, lo que Pablo está diciendo es, literalmente, “mantén un ojo vigilante sobre ti mismo”, no sea que el pecado también te tome por sorpresa. Para resaltar esta advertencia, Pablo cambia de la segunda persona del plural (“vosotros”), en la primera mitad de Gálatas 6:1, a la segunda persona del singular (“tú”), en la última mitad del versículo. No se trata de una advertencia general que se aplica a la congregación como un todo; es una advertencia personal dirigida a cada persona dentro de la iglesia.

Pablo no identifica explícitamente la naturaleza de la tentación contra la que advierte tan enfáticamente a los gálatas. Quizá no tenía un solo pecado en mente, sino que simplemente se estaba refiriendo al peligro de cometer el mismo pecado, sea cual sea, del que estaban intentando restaurar al otro. Al mismo tiempo, sus palabras en Gálatas 5:26, en contra de volverse “vanagloriosos”, sugiere que está advirtiéndoles en contra de creer que de algún modo sean espiritualmente superiores a aquellos a quienes están restaurando.

¿Por qué Pablo debía advertir a los gálatas contra el orgullo espiritual? Considera 1 Corintios 10:12; Mateo 26:34; y 2 Samuel 12:1 al 7.

Uno de los mayores peligros de la vida cristiana es un sentimiento de orgullo espiritual que nos hace pensar que somos de alguna manera inmunes a cometer cierto tipo de pecados. El hecho es que, lamentablemente, todos tenemos la misma naturaleza pecaminosa; una naturaleza que se opone a Dios. Por lo tanto, sin el poder subyugador del Espíritu de Dios, podríamos llegar a caer en prácticamente cualquier pecado, si se dieran las circunstancias. Un reconocimiento como este de nuestra verdadera identidad fuera de Cristo puede ayudarnos a no caer en el pecado de la autojustificación, y también puede darnos mayor compasión por otras personas que cometen errores.

¿Cuántas veces has condenado a otros (incluso solo en tu corazón) por cometer pecados de los que, alguna vez, tú también fuiste culpable?

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