Diálogo Bíblico | Domingo 29 de octubre 2017 | La Ley | Escuela Sabática

Domingo 29 de octubre
LA LEY
Lee Romanos 3:31. ¿Cuál es el argumento de Pablo? ¿Por qué es importante para nosotros como adventistas?
En este pasaje, Pablo declara enfáticamente que la fe no anula la Ley de Dios. Sin embargo, aun aquellos que guardaban la Ley, incluido todo el conjunto de leyes del Antiguo Testamento, nunca se salvaron por ella. La religión del Antiguo Testamento, como la del Nuevo, siempre se basó en la gracia de Dios dada a los pecadores mediante la fe.
Lee Romanos 4:1 al 8. ¿De qué modo esto demuestra que, incluso en el Antiguo Testamento, la salvación era por la fe y no por las obras de la Ley?
Según este relato del Antiguo Testamento, Abraham fue contado como justo porque le “creyó a Dios”. Por consiguiente, el Antiguo Testamento mismo enseña la justificación por la fe; y cualquier inferencia de que la fe “anula” (del griego katargeo: “vuelve inútil”, “invalida”) la Ley es falsa; la salvación por fe y la gracia se enseñan como parte integral del Antiguo Testamento. Por ejemplo, ¿qué era todo el ritual del Santuario sino una representación de cómo se salvan los pecadores, no por sus obras, sino por la muerte de un sustituto en su lugar?
Además, ¿qué otra cosa puede explicar la manera en que David fue perdonado después de la sórdida aventura con Betsabé? Por supuesto que no fue la Ley la que lo salvó, porque violó tantos principios de la Ley que esta lo condenaba en varios puntos. Si David hubiese tenido que salvarse mediante el cumplimiento de la Ley, de ningún modo sería salvo.
Pablo presenta la restauración de David al favor divino como un ejemplo de la justificación por la fe. El perdón era un acto de la gracia de Dios. Aquí, pues, hay otro ejemplo en el Antiguo Testamento de la justificación por la fe. De hecho, por más que muchos del antiguo Israel fuesen legalistas, la religión judía siempre fue una religión de gracia. El legalismo era una perversión de ella, no su fundamento.
Medita por unos minutos en el pecado y la restauración de David (2 Sam. 11, 12; Sal. 51). ¿Qué esperanza puedes obtener de esa triste historia? ¿Qué lección enseña acerca del modo en que debemos tratar a los miembros de iglesia que han caído?

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