Diálogo Bíblico | Domingo 29 de mayo 2016 | Una venida profetizada | Escuela Sabática
Domingo 29 de mayo
UNA VENIDA PROFETIZADA
Después de su cautividad de setenta años en Babilonia, los judíos comenzaron a regresar a Jerusalén. Estaban entusiasmados por reedificar su templo; pero, al echar sus cimientos, los que recordaban el magnífico Templo de Salomón se dieron cuenta de que este segundo templo no sería ni por lejos tan hermoso. Por eso, “lloraban en alta voz” (Esd. 3:12).
La gente recibió estímulo de dos hombres: un anciano profeta llamado Hageo y un joven profeta llamado Zacarías. Hageo le recordó al pueblo que la verdadera gloria del Templo de Salomón no se debía a nada que Salomón o cualquier otro hubiese aportado. Es más, no era el Templo de Salomón: era el templo de Dios. Hageo dijo: “Porque así dice Jehová de los ejércitos: De aquí a poco yo haré temblar los cielos y la tierra, el mar y la tierra seca; y haré temblar a todas las naciones, y vendrá el Deseado de todas las naciones; y llenaré de gloria esta casa […]. Mía es la plata, y mío es el oro […]. La gloria postrera de esta casa será mayor que la primera […]” (Hag. 2:6-9).
Hubo más esperanzas cuando el profeta Zacarías habló: “Alégrate mucho, hija de Sion; da voces de júbilo, hija de Jerusalén; he aquí tu rey vendrá a ti, justo y salvador, humilde, y cabalgando sobre un asno, sobre un pollino hijo de asna” (Zac. 9:9).
¿De qué manera estas profecías se cumplen en la entrada de Jesús en Jerusalén, en Mateo 21:1 al 11?
“Cristo seguía la costumbre de los judíos en cuanto a una entrada real. El animal en el cual cabalgaba era el que montaban los reyes de Israel, y la profecía había predicho que así vendría el Mesías a su reino. No bien se hubo sentado sobre el pollino cuando una algazara de triunfo hendió el aire. La multitud lo aclamó como Mesías, como su Rey. Jesús aceptaba el homenaje que nunca antes había permitido que se le rindiera, y los discípulos recibieron esto como una prueba de que se realizarían sus gozosas esperanzas y lo verían establecerse en el trono. La multitud […] en su imaginación, veía los ejércitos romanos expulsados de Jerusalén, y a Israel convertido una vez más en nación independiente” (DTG 524).
Aquí vemos cómo se cumplieron las Escrituras, aunque la gente no lo haya entendido. ¿Qué lección podemos obtener sobre el modo en que las ideas preconcebidas pueden distorsionar la verdad?

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