Diálogo Bíblico | Domingo 24 de diciembre 2017 | Débil en la fe | Escuela Sabática

Domingo 24 de diciembre
DÉBIL EN LA FE
En Romanos 14:1 al 3, el asunto se refiere al consumo de carnes que podrían haber sido sacrificadas a los ídolos. El concilio de Jerusalén (Hech. 15) dictaminó que los conversos gentiles debían abstenerse de comer esos alimentos. Pero siempre estaba el interrogante de si las carnes que se vendían en los mercados públicos provenían de animales sacrificados a los ídolos (ver 1 Cor. 10:25). A algunos cristianos eso no les importaba para nada; para otros, en cambio, si existía la menor duda, optaban por comer verduras. El tema no tiene nada que ver con la cuestión del vegetarianismo y la vida saludable. Pablo tampoco insinúa en este pasaje que la distinción entre carnes limpias e inmundas se haya abolido. Este no es el tema en cuestión. Si la frase: “uno cree que se ha de comer de todo” (Rom. 14:2) se interpretara como que ahora se puede comer cualquier animal, limpio o inmundo, estaría mal aplicada. Una comparación con otros pasajes del Nuevo Testamento se pronunciaría en contra de ese uso.
Mientras tanto, “recibir” al débil en la fe implicaba otorgarle su plena condición de miembro y de estatus social. No había que discutir con la persona, sino otorgarle el derecho de opinión.
¿Qué principio deberíamos aprender, entonces, de Romanos 14:1 al 3?
También es importante reconocer que, en Romanos 14:3, Pablo no habla negativamente del “débil en la fe” (Rom. 14:1). Tampoco le da consejos a esta persona sobre cómo llegar a ser fuerte. En lo que a Dios concierne, el cristiano por demás escrupuloso (aparentemente sus hermanos cristianos lo califican como excesivamente escrupuloso, no Dios) es aceptado. “Dios le ha recibido”.
¿De qué manera Romanos 14:4 amplía lo que acabamos de ver?
Aunque debemos tener en cuenta los principios vistos en la lección de hoy, ¿no hay momentos y lugares a veces en los que necesitamos intervenir y juzgar, si no el corazón de una persona, al menos sus acciones? ¿Debemos dar un paso atrás y no decir ni hacer nada en ninguna situación? Isaías 56:10 describe a los guardianes como “perros mudos, no pueden ladrar”. ¿Cómo saber cuándo hablar y cuándo guardar silencio? ¿Cómo logramos el equilibrio justo?

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