9 de julio – Ser Semejante a Jesús – Elena G. de White

Enseñar a los hijos es una responsabilidad sagrada

Por lo cual, salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, y no toquéis lo inmundo; y yo os recibiré, y seré para vosotros Padre, y vosotros me seréis hijos e hijas, dice el Señor Todopoderoso. 2 Corintios 6:17, 18.

Cuando los padres y los niños se encuentren en el día final para rendir cuentas, ¡qué escena se verá! Miles de niños que han sido esclavos de los apetitos y de vicios degradantes, cuya vida ha sido un fracaso moral, estarán frente a frente con sus padres que los hicieron lo que son. ¿Quiénes, sino los padres, deben afrontar esta terrible responsabilidad? ¿Fue el Señor quien corrompió a estos jóvenes? ¡Oh, no! ¿Quién, entonces, ha hecho esta terrible obra? ¿No fueron transmitidos los pecados de los padres a los hijos por causa de apetitos y pasiones pervertidos? ¿Y no fue completada la obra por los que descuidaron su adiestramiento según el modelo que Dios ha dado? Tan ciertamente como que ellos existen, todos esos padres tendrán que pasar el examen de Dios.—Mente, Carácter y Personalidad 1:144, 145.

Satanás está listo para hacer su obra; no descuidará presentar atractivos a los cuales los hijos no tendrán ni voluntad ni poder moral para resistir. Vi que Satanás, mediante sus tentaciones, está instituyendo modas que cambian continuamente, fiestas atractivas y diversiones, para que las madres sean inducidas a dedicar el tiempo de prueba que Dios les ha concedido a asuntos frívolos, de modo que tengan escasas oportunidades de educar debidamente a sus hijos. Nuestros niños necesitan madres que les enseñen desde la cuna a controlar la pasión, a negar el apetito y a vencer el egoísmo. Necesitan que se los eduque línea sobre línea, precepto sobre precepto, un poquito aquí y otro poquito allá…

La mujer debe ocupar el puesto que Dios le designó originalmente como igual a su esposo. El mundo necesita madres que los sean no sólo de nombre, sino en todo sentido de la palabra. Puede muy bien decirse que los deberes distintivos de la mujer son más sagrados y más santos que los del hombre. Comprenda ella el carácter sagrado de su obra y, con la fuerza y el temor de Dios, emprenda su misión en la vida. Eduque a sus hijos para que sean útiles en este mundo y obtengan un hogar en el mundo mejor…

Les suplicamos a las madres cristianas que sientan su responsabilidad como madres, y no vivan para agradarse a sí mismas, sino para glorificar a Dios. Cristo no se complació a sí mismo, sino que asumió la forma de siervo. Dejó los atrios celestiales y vistió su divinidad con la humanidad, para que por su propio ejemplo pudiera enseñarnos cómo podemos ser exaltados a la posición de hijos e hijas en la familia real, hijos del Rey celestial.—Christian Education, 177-179.

DEVOCIONAL: SER SEMEJANTE A JESÚS

Elena G. de White

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