8 de noviembre | Hijos e Hijas de Dios | Elena G. de White | Piedras para un templo

«Por lo tanto, ustedes ya [son] conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios, edificados sobre elfundamento de los apóstoles y los profetas, siendo Cristo Jesús mismo la piedra angular. En él todo el edificio, bien armado, se va levantando para llegar a ser un templo santo en el Señor.
En él también ustedes son edificados juntamente para ser morada de Dios por su Espíritu». Efesios 2:19-22, NBD

MEDIANTE LA GRACIA DE CRISTO realizaremos esfuerzos constantes para vencer todos los malos hábitos, la rudeza y la falta de sensibilidad. […] El poderoso cincel de la verdad nos ha cortado de la cantera del mundo. Eramos toscos pedruscos de aristas cortantes que magullaban y dañaban a cualquiera con quien entráramos en contacto. Hay una labor que hacer para suavizar esas aristas. Si apreciáramos el valor de la obra que debe hacerse en los talleres de Dios, daríamos la bienvenida a los golpes del martillo y el cincel.
Nuestro amor propio quedará herido, el exceso de autoestima quedará recortado a golpe de hacha, y las asperezas de nuestro carácter serán pulidas. Así, cuando el egoísmo y las tendencias camales desaparezcan, entonces la roca adquirirá las proporciones debidas para el edificio celestial, y entonces comenzarán los procesos de pulimento, refinado y ennoblecimiento, y seremos modelados según el patrón del carácter de Cristo. Su propia imagen deberá reflejarse en el carácter bruñido de sus representantes humanos, y la piedra quedará preparada para el edificio celestial. Los ángeles de Dios observan a los agentes humanos que así reflejan el esplendor y la gloria del carácter de Cristo. […]
Si no somos cada vez mejores, si no somos con el tiempo más bondadosos, más consagrados, más amables, más llenos de ternura y cariño; y si no manifestamos a los demás el amor que Jesús aportó en su misión de misericordia, no estamos testificando ante el mundo del poder de Jesucristo.
El Señor Jesús vivió no para agradarse a sí mismo. […] El vino a elevar, a ennoblecer y a hacer felices a todos aquellos con quienes se relacionó. Jamás actuó con falta de consideración, en ningún caso pronunció palabras descorteses.— The Youth’s Instructor, 3 de enero de 1895.

DEVOCIONAL HIJOS E HIJAS DE DIOS
Elena G. de White

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