8 de abril | Hijos e Hijas de Dios | Elena G. de White | Para ver las cosas claras

«No vivan ya según los criterios del tiempo presente; al contrario, cambien su manera de pensar para que así cambie su manera de vivir y lleguen a conocer la voluntad de Dios, es decir, lo que es bueno, lo que le es grato, lo que es perfecto». Romanos 12: 2, DHH

QUIEREN SABER CÓMO considera Dios a las criaturas que él ha creado? Él formó la mente humana. No podemos concebir un pensamiento noble que no proceda de él. Conoce todos los misterios del funcionamiento de la mente humana; pues, ¿acaso no la hizo él? Dios ve que el pecado ha rebajado y degradado a los seres humanos, pero los considera con piedad y compasión; porque ve que Satanás los tiene bajo su dominio.— General Conference Bulletin, 13 de febrero de 1899, pp. 33-34 .
Toda verdadera reforma comienza con la purificación del corazón. Es gracias a la regeneración y a la renovación de la mente, por medio del poder del Espíritu Santo, como se opera un cambio en la vida humana.— Manuscrito 95, 1903.
Al contemplar a Cristo, somos transformados. Si el pensamiento se espacia de modo constante en las cosas temporales, llegan a absorberlo todo y afectan al carácter, de modo que se pierde de vista y se olvida la gloria de Dios. Las oportunidades que están al alcance de todos para llegar a ser instruidos en las realidades celestiales, son pasadas por alto, y muere la vida espiritual. El Señor dice que si alguien «se alía con los ídolos. ¡Déjalo!» (Ose. 4: 17, LPH). […]
Hemos de depender por completo de Dios. Si actuamos de otro modo, conviene que nos paremos a reflexionar. Debemos detenemos si no vamos por el buen camino, y cambiar de rumbo. […] Clamemos a Dios con sinceridad, con todas nuestras fuerzas, luchemos con él hasta que obtengamos la victoria.
Pongamos todo nuestro ser en manos del Señor: alma, cuerpo y espíritu, y dispongámonos a convertirnos en sus instrumentos amantes y consagrados, impulsados por su voluntad, dominados por su mente, saturados de su Espíritu. […] Entonces veremos claramente las realidades celestiales.— Manuscrito 24, 1891.

DEVOCIONAL HIJOS E HIJAS DE DIOS
Elena G. de White

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