7 de septiembre | Hijos e Hijas de Dios | Elena G. de White | El ejemplo de Job

«Una vez terminado el ciclo de los banquetes, Job se aseguraba de que sus hijos se purificaran.
Muy de mañana ofrecía un holocausto por cada uno de ellos, pues pensaba: “Tal vez mis hijos hayan pecado y maldecido en su corazón a Dios”. Para Job esta era una costumbre cotidiana». Job 1: 5, NVI

HAY DOS MANERAS DE TRATAR a los hijos, que difieren diametralmente en la metodología y en los resultados. La fidelidad y el amor, unidos a la sabiduría y la firmeza, de acuerdo con las directrices de la Palabra de Dios, darán como resultado gozo y plenitud en esta vida y en la venidera. El descuido del deber, la complacencia negligente, dejando de restringir o corregir los desaciertos de la juventud, darán como resultado la infelicidad y la ruina final de los hijos, y la decepción y la angustia de los progenitores. […]
Que los padres y las madres aprendan del patriarca Job su lección de constancia y devoción. El justo, paciente y perseverante Job no descuidaba su deber hacia los que no pertenecían a su familia; era benévolo, amable, considerado con los intereses de los demás; y al mismo tiempo se preocupaba de verdad por la salvación de su propia familia. En las celebraciones festivas de sus hijos e hijas velaba por ellos, no fuera que desagradaran al Señor.
Job, como fiel sacerdote de su hogar, ofrecía un sacrificio por cada uno de sus hijos. Era consciente del carácter ofensivo del pecado, y la idea de que sus hijos pudieran olvidar los requerimientos divinos lo impulsaba a acudir a Dios como intercesor de ellos.— Review and Herald, 30 de agosto de 1881, adaptado.

DEVOCIONAL HIJOS E HIJAS DE DIOS
Elena G. de White

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