Ser semejante a Jesús - Devocional - Elena G. de White

Ser semejante a Jesús – Devocional – Elena G. de White

7 de junio | Ser Semejante a Jesús | Elena G. de White | La regla de oro debe gobernar las transacciones comerciales

Qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios. Miqueas 6:8.

Las leyes de las naciones tienen las características de las debilidades y pasiones del corazón irregenerado, mientras que las leyes de Dios llevan el sello divino y, si se las obedece, conducirán a una consideración tierna por los derechos y privilegios de otros… Su atento cuidado está sobre todos los intereses de sus hijos, y declara que se encargará de la causa de los afligidos y oprimidos. Si claman a él, dice él: “Lo oiré, porque soy misericordioso”. Éxodo 22:27.

Un hombre de recursos, si posee estricta integridad, y ama y teme a Dios, puede ser un benefactor para los pobres. Puede ayudarlos y no cobrar más interés [en el dinero que les preste] que lo que puede exigirse misericordiosamente. De esa manera no sufre pérdida, y su desafortunado prójimo se beneficia grandemente porque se salva de caer en las manos del maquinador deshonesto. Ni por un momento deben perderse de vista los principios de la regla de oro en cualquier transacción comercial… Dios nunca quiso que una persona fuera víctima de otra.

Él protege celosamente los derechos de sus hijos, y en los libros del cielo se asienta una gran pérdida en la cuenta del tratante injusto.

En las Sagradas Escrituras se pronuncian tremendas denuncias contra el pecado de la codicia. Ningún “avaro, que es idólatra, tiene herencia en el reino de Dios”. Efesios 5:5. El salmista dice: “El malo se jacta del deseo de su alma, bendice al codicioso, y desprecia a Jehová”. Salmos 10:3. Pablo clasifica a los codiciosos con los idólatras, adúlteros, ladrones, borrachos, maldicientes y estafadores, ninguno de los cuales heredará el reino de Dios. 1 Corintios 6:9, 10. Éstos son los frutos de un árbol corrompido, y Dios es deshonrado por ellos. No debemos hacer de las costumbres y máximas del mundo nuestro criterio. Debe haber reformas; debe desecharse toda injusticia.

Se nos ordena “escudriñar las Escrituras”. Toda la Palabra de Dios es nuestra regla de acción. Debemos poner por obra sus principios en nuestra vida diaria; no hay señal más segura de cristianismo que ésta. Debemos cumplir los grandes principios de justicia y misericordia en nuestras relaciones unos con otros. Debemos cultivar diariamente aquellas cualidades que nos harán idóneos para la sociedad del cielo. Si hacemos estas cosas, Dios llega ser nuestro garante, y promete que bendecirá todo lo que emprendamos, y “no resbalaremos jamás”.—Salmos 15:5; The Signs of the Times, 7 de febrero de 1884.

DEVOCIONAL SER SEMEJANTE A JESÚS

Elena G. de White

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